RECONCILIACIÓN. EL PODER DEL PERDÓN.

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El término reconciliación nos trae a la pantalla de nuestra mente la imagen de la necesidad de reconstruir un vínculo de cualquier naturaleza, que se ha visto fracturado por sucesos o acontecimientos que han involucrado a dos o más personas. El distanciamiento que se produce como consecuencia de la ofensa inferida por una de las partes hacia la otra, o a punto de partida de actitudes que lesionan los intereses de quienes se sienten perjudicados, es el eje central alrededor del cual giran todos los eventos que conforman los tantos diferendos que existen hoy en día entre los seres humanos.

Si bien es cierto que no podemos partir de la base de que todos pensemos y actuemos de la misma forma, llama la atención en la actualidad, la hipersensibilidad y la vulnerabilidad con la que actuamos tanto hombres como mujeres, que nos lleva fácilmente a considerar lesionados nuestros derechos y nuestra forma de ver el mundo.

Hablar de reconciliación parte del preconcepto de que ha habido una ruptura, con el consiguiente sentimiento de pérdida ya sea de una amistad, de un vínculo amoroso, o de una relación comercial o de amistad.

La ira, el encono, el resentimiento y el odio consumen nuestra energía, poniéndola al servicio de las aristas más oscuras de nuestra personalidad, generando una angustia y una ansiedad sin límite, por no ser las condiciones naturales dentro de las cuales se mueven habitualmente las conductas de los individuos.  

Frente al sentimiento de pérdida en un principio todos reaccionamos en forma similar, pero solo a través del tiempo comenzamos a diferenciarnos en el sentido de que cada uno procesa el dolor y las emociones que se generan de un modo diferente.

 Mientras que un grupo de personas logra superar la crisis que sobrevino abruptamente en su vida, otros quedan atrapados en las redes de la culpa y de los reproches, no logrando visualizar un futuro diferente para sus vidas.

Es así que debe transcurrir un tiempo variable para cada hombre y para cada mujer, para reinterpretar los sucesos vividos, y elaborar una idea y una estrategia para reconocer el poder sanador del perdón.

Sí, tal cual tú lo estás leyendo, el perdón tiene un poder sanador muy profundo, porque restablece la armonía interior que le permite al ser humano alcanzar su equilibrio emocional y su paz interior.

¡Piensa por un instante en cuál es el beneficio de mantenerse por tiempo indefinido sumido en la oscuridad del odio y del resentimiento!

Analiza con objetividad los hechos, y sin que tú tengas la sensación de que estás cediendo espacios a lo cual no estás dispuesto, evalúa cuáles son las ganancias tanto físicas como emocionales de mantener inamovible una postura de guerra, que repercute sin duda sobre la integridad de tu organismo.

El poder del perdón nos habilita a reinterpretar los hechos y nos permite posicionarnos desde otro ángulo frente a lo que en determinado momento vivimos como una agresión profunda. Reinterpretar trae implícito también el concepto de la reinvención propia, es decir la necesaria reingeniería personal a los efectos de visualizar nuestro futuro de un modo distinto.

Veamos… ¿cuántos problemas abordas tú a diario? Ahora… ¿vale la pena mantener conflictos sin solución a través del tiempo, volviendo permanentemente sobre ellos, sin atisbar una luz que nos permita ver el camino que debe conducirnos a nuestro destino libremente elegido? ¿Quién es el verdadero perdedor en esta batalla sin sentido, supuestamente en defensa de nuestro honor?

Y digo supuestamente porque en términos generales, dilucidamos erróneamente lo sucedido, y más allá de ser uno más de los tantos conflictos que tenemos los seres humanos, experimentamos un dolor profundo porque pensamos que hemos sido agredidos sin razón alguna para ello.

Es posible que algo de razón tengas en sentirte muy enojado con quien o quienes violaron tu espacio y tu territorialidad. Pero piensa sobretodo en la vida en su concepto más amplio, y verás como todo el fervor, toda la violencia y los impulsos de venganza, se diluyen a favor de establecer un perdón y una reconciliación dónde las partes reconozcan su error, y dirijan sus mejores esfuerzos en pos de una convivencia saludable negociando nuevas condiciones en el vínculo que los une.

¡Recuerda: la vida se vive una sola vez! De ti dependerá la forma en que lo hagas. No desperdicies la oportunidad de crecer y demostrarle a los demás que saber perdonar no sólo no es sinónimo de debilidad, sino que eleva al ser humano a una condición sublime y lo proyecta a la integración, en una sociedad dónde la tolerancia y la comprensión serán la forma natural de comunicación.

Todos nos equivocamos, todos erramos, es la certificación de nuestra condición humana. Pero no hagamos de nuestro error, una condena sin fin.

 

Dr. Walter Dresel

 

wdresel@adinet.com.uy

 

www.exitopersonal.org

 

www.walterdresel.blogspot.com

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