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La semana pasada cuando me bajé del tren en el aeropuerto de Denver, Colorado dejé mi nueva cámara en el asiento. Angustiada, me acerque a un policía que pasaba y le conté lo sucedido y me sugirió ir a la oficina de artículos extraviados pero lamentablemente me dijeron: “Nadie ha devuelto una camara hoy”.

Y tú, ¿Qué fue lo último que olvidaste o extraviaste? Tal vez tu billetera, el celular, tu mascota o una joya. Si tenía mucho valor monetario o sentimental, seguramente sentiste rabia, tristeza, desespero o hasta lloraste.

Así como perdemos objetos, también hemos encontrado algo que no es nuestro, sea un anillo o dinero en efectivo. En ese momento cada cual actúa diferente. Algunos dicen: ¡gracias Diosito, qué suerte tengo! Otros exclaman: “¡qué lástima!, pobrecito del que perdió esto”, y muchos alegan: “si no lo agarro yo, otro se lo lleva”.

Mi filosofía con respecto a lo “perdido y encontrado” es: no hagas a nadie lo que no quieres que te hagan a ti. Claro que sería tentador quedarse con una ipad que aparenta no tener dueño, pero créeme ¡le pertenece a alguien!.

La próxima vez que te encuentres un objeto y te dé la tentación de quedártelo, recuerda la angustia que sentiste cuando perdiste algo valioso. Reconoce que si te lo quedas, ahora tú vas a causarle esa angustia a otro.

Cada una de tus acciones genera una reacción que regresa a ti de la misma forma. Así dice la “Ley del Karma”; cuando actúas de una forma que trae felicidad y éxito para otros, el producto de tu karma es felicidad y éxito. Por eso, se honesto y haz lo correcto.

En Denver comprobé, una vez más, que “cosechas lo que siembras”. A los tres días de perder mi cámara, me llamaron del aeropuerto a reportar que había aparecido. Mire al cielo y exclamé: “¡Dios bendiga

al que la encontró y al que inventó las oficinas de “artículos perdidos!”.

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Comentario de Cecy M el mayo 12, 2017 a las 10:10pm

¡Dios bendice a todos los que hacen el bien! El pasado 1o, de mayo de 2017 extravié mi bolsa en el metrobús en el centro de la ciudad de México. Me aterré porque ahí estaban no sólo una cantidad respetable en efectivo, sino también mis identificaciones oficiales, celular y mi tarjeta de débito con el producto de mis ahorros (por más de medio año) para pagar la prótesis que mi mamá requiere.  No sabía qué hacer... busqué la ayuda de Dios para serenarme, enseguida pedí ayuda a un policía. Mientras él hacía llamadas, cancelé la tarjeta vía telefónica. Grande sorpresa fue saber que la habían encontrado. El policía gentilmente me acompañó a recogerla a la terminal del metrobús, donde la hacían perdediza. Si no hubiese sido por la intervención del policía Saúl Jiménez Vázquez , quizá no me la hubieran devuelto. Dios bendiga mucho a todos los que actuaron de manera honesta. ¡Yo sí creo en los milagros de Dios! Coincido plenamente contigo: "cosechas lo que siembras". 


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