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Nuevas masculinidades

La equidad de género es imposible sin un cambio cultural en los patrones de comportamiento de mujeres y hombres. Dicho de otro modo, la igualdad de oportunidades y derechos es letra muerta en la ley si ésta no comprende prácticas cotidianas que cristalicen la nueva esfera, inédita en la humanidad. Por eso debemos hablar de las nuevas masculinidades.

Durante la historia, el dominio del hombre sobre la mujer ha tenido diversas expresiones que abarcan todas las esferas de la vida social y generaron concepciones de la vida y prácticas que normalizaron el sometimiento. Son una cultura: la mujer confinada al espacio doméstico y actividades “propias de su sexo”, como se decía entonces, y que no implicaban actividades literarias, científicas o de cualquier índole profesional, ya no digamos políticas porque en ese entonces las mujeres no tenían derecho a votar.

Las nuevas masculinidades, entonces, son la opción a las masculinidades de antaño. Y éstas comprenden a los hombres asumiendo roles que impulsen o consoliden la equidad de género en las actividades cotidianas. No cabe duda de que existen millones de personas dispuestas a impulsar la equidad de género, así es que no es un tema de bondad o maldad, sino cultural y ello implica cambiar viejos prejuicios en las relaciones sociales y en todas las escalas de la actividad humana. Sí algo ha quedado demostrado en la historia de la civilización es que las mujeres tienen virtudes (y defectos) tanto como los hombres y así han contribuido para moldear retos y avances.

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El poder es tuyo.

La mujer, entonces, deja de ser epicentro de las actividades domésticas para que éstas sean depositadas en las responsabilidades de la familia, lo que comprende a hijos y al padre, claro está. Esto significa un reaprendizaje de grandes dimensiones y por ello el hombre ya no debe asociar los arquetipos convencionales para definir y relacionarse con las mujeres, por su comportamiento, apariencia física, forma de vestir. ¿Cuántas de ustedes recuerdan los viejos comerciales donde una mujer era menospreciada e incluso dejaba de ser una buena mujer, porque no entregaba a su marido las camisas brillantes y suaves o porque no procuraba una buena alimentación para el niño, mientras el hombre salía en busca del sustento para todos? En suma, debe cambiar la concepción de que la mujer debe servir.

Otro cambio cultural en relación con las masculinidades tiene que ver con la forma en cómo conviven los hombres. Ya se sabe que desde tiempos remotos el cotilleo entre ellos ha tenido como epicentro a la mujer, asociada como trofeo de guerra o simplemente para decidir si ella era o no objeto de codicia, molde de buena moral o el objeto deseado que el divertimento de los hombres quisiera que fuera; todo esto, junto con múltiples otras formas de vejación. Eso ha ido cambiando poco a poco y debe acelerarse pues estas muy cuestionables formas de relacionarse entre hombres también son parte de la violencia cotidiana contra las mujeres.

Iremos detallando las implicaciones de ese cambio cultural en la esfera de las masculinidades en sucesivas entregas, por ahora nos interesa mucho subrayar que la igualdad de género no es sólo un asunto de mujeres. Más aún, para que ésta sea posible, se necesita la participación de los hombres y su disposición al cambio

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