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Por: Rodrigo Bengochea

Si bien hoy día muy poca gente se atrevería a hablar de una “manipulación” de los medios para determinar el comportamiento de las personas en sociedad, la verdad es que tampoco faltan muestras del poder que tienen éstos para influir en la promoción de valores e informar para producir opiniones. Esto es evidente en muchos aspectos, uno de ellos es sin duda los estereotipos de género.
Pareciera que nunca antes en su historia los medios de comunicación habían mostrado tal capacidad de influir en la socialización de las personas y sus acciones. Mucho se ha hablado ya de la influencia que ha tenido la actividad intencionada en redes sociales para modificar la acción de las personas en las elecciones en Estados Unidos, en el Brexit, el “no” en Colombia, entre muchas otras. Pero qué pasa con otros fenómenos como los estereotipos de género.

Si bien los medios de comunicación y las redes sociodigitales son un reflejo del mundo y de la sociedad que les da contexto, del momento histórico al que pertenecen, también es cierto que se han convertido en modeladores eficientes de la percepción sobre la realidad e ideas en general. Es decir, además de responder a los estereotipos de género predominantes, los medios exageran esas manifestaciones de género y las reconfiguran.

La emergencia del ecosistema digital (medios de información y redes sociodigitales) y la generalización de su consumo hace no más de veinte años, nos han situado frente a un alcance muy diferente de los medios para influir en la sociedad. Las cámaras de eco, ese fenómeno que amplifica nuestras creencias o prejuicios como resultado de una repetición “ensimismada” de los mismos, que confirma nuestras posturas y hace “desaparecer” las opiniones diferentes o contrastantes, ha jugado un papel determinante en esa reproducción y exageración de los estereotipos de género en la actualidad y a continuación intentaré dar algunas claves para reflexionar el fenómeno.

Los publicistas sexualizan el cuerpo de mujeres y hombres para vender estilos de vida: para nadie es un secreto que la estilización y sexualización de mujeres y hombres en la publicidad es una receta fácil pero efectiva y bien conocida desde hace mucho tiempo para convertir objetos de consumo en bienes deseables.
El fenómeno se repite y se amplifica en el ecosistema digital: las redes sociales, esos espacios mediáticos cuyo contenido es producido precisamente por los mismos quienes los consumen, han reproducido y exagerado la sexualización del cuerpo de mujeres y hombres en sintonía con la forma en que ellas y ellos mismos buscan que se les perciba. Esa ansiedad por el reconocimiento, por ganar popularidad y autoafirmarse, ha ganado popularidad sobre todo entre adolescentes, que en busca de likes, esa aprobación tan efímera, ha ido destapando los cuerpos y reforzando los estereotipos de género en el ciberespacio.

Esa presión por ganar aprobación, por ser aceptados, ha llevado a que en una lógica de mercado se cultiven y reproduzcan los estereotipos de género, con un ingrediente extra: las redes sociodigitales son espacios desregulados, o “autoregulados” como las empresas detrás de las plataformas prefieren llamarles, lo que ha propiciado que esta exageración de los estereotipos tome cada vez más elementos del lenguaje pornográfico permeando visiblemente otras expresiones culturales como la moda o la música.

Cada persona somos un factor de reproducción de los estereotipos de género que hemos aprendido. Una estrategia para vencer esos estereotipos del hombre fuerte, proveedor, violento, tomador de decisiones, y de la mujer femenina, sumisa, dependiente, relegada a las labores domésticas, pasa por desaprender esos estereotipos, por resistirse a la tentación de continuar con los mismos “porque es más sencillo”. Una forma de desaprender esos estereotipos es, sin duda, no consumirlos y no producirlos.

En este contexto, además de las críticas y recomendaciones que puedan hacerse a los medios de comunicación y a las redes sociodigitales, además de la demanda legítima de contar con una política pública que enfrente con seriedad un programa de alfabetización digital, es tarea de cada quien salir de esas cámaras de eco y de esa tentación por autopromovernos en redes sociales a través de esa exageración de estereotipos que determinan en gran medida las actitudes y los comportamientos de las personas en su vida cotidiana hacia las demás personas.

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Comentario de Sylvia Sánchez Alcántara el octubre 27, 2019 a las 9:04pm

Gracias Javier. Sería muy valioso que compartas tu conocimiento. Puedes escribir un blog semanal y nosotras lo compartiremos y destacaremos.

Saludos.

Comentario de Javier Enrique Angeles González el octubre 25, 2019 a las 11:17pm
Excelente reflexión... Todos estamos en estas redes sistémicas digitales y desde ahí participamos de una u otra forma, habrá que ser más cuidadosos con lo que transmitimos y compartimos. Muchas gracias, a tus órdenes.

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