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Si bien los cuidados a otros dan mucha satisfacción para quienes se dedican profesionalmente a ofrecerlos, como trabajadores sociales, cuidadores, nanas, tanatólogos, psicoterapeutas, psicólogos, cuidadores de personas con necesidades especiales, por mencionar sólo algunos, y la empatía es una herramienta muy útil que emplean dentro de la relación que establecen con aquella persona que requiere de su ayuda, un mal manejo puede terminar dañando la salud física y emocional de la persona que es la cuidadora.

Algunas recomendaciones para evitar el síndrome de desgaste por empatía son las siguientes:

  • Que el cuidador procure desconectarse mentalmente, dedicando tiempo a actividades que antes haya disfrutado, que le ayuden a proteger su equilibrio emocional para que no acumule estrés, frustración ni preocupaciones innecesarias.
  • Seguir rutinas de actividades que lo tranquilicen: caminatas, senderismo, escuchar música, hacer una rutina de ejercicio.
  • Hay que enfatizar la importancia de rutinas en horarios específicos pues la rutina es un medio de contención para la angustia. Y realizar alguna tarea sencilla como lavar platos, acomodar libros, comprar algo que le haga falta sencillo, no caro, organizar documentos, tirar cosas que ya no le sirvan, organizar su escritorio o mesa de noche. Intentar relajarse a través de ejercicios aunque las actividades mencionadas son relajantes por sí mismas.
  • Sí es necesario darse un descanso aunque sea de unas horas o de un día de la persona a la que se cuida con la seguridad de que es importante cuidarse y se cuida mejor a otros estando bien y en equilibrio.
  • Es muy importante darse tiempo para uno mismo. Eso no es egoísmo, es una forma de autocuidado.
  • Asistir a psicoterapia; ahí podrá aprender a poner una distancia óptima que le permita mantenerse empática sin sobreidentificarse con la persona enferma. Asimismo, en terapia podrán aprender a separar sus problemas y asuntos personales de los de las personas a quienes atienden. Esto ayuda para hacer la empatía y entender a la persona a la que se atiende, se entiende con el conocimiento, la inteligencia, razonamiento, la memoria, pero sin sobrecargarse emocionalmente ni absorber todo lo que el otro siente. Se trata de que una parte de la mente del cuidador entienda los sentimientos de la persona cuidada mientras la otra parte toma distancia psicológica y trata de entender lo que le sucede y gestionarlo sin que le afecte.

Hay que recordar que el mejor cuidado que se puede ofrecer a otros es aquel que surge de una persona que respeta sus necesidades y ejerce el autocuidado. Es más empático con otros aquél que primero ha sabido escuchar sus propias necesidades emocionales y ha buscado cubrirlas cuando esto es posible. Este es un indicador de salud emocional. 

 

 

 

 

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