¿QUÉ TAN FÁCIL TE RINDES?

 Dicen que rendirse es de cobardes… los valientes terminan lo que empezaron… pero ¿que tal si eres valiente y las cosas no se te dan o no puedes seguir adelante?

 Que fácil, es decir, no te rindas, tu puedes. No te rajes, la vida es difícil, pero si es posible. No te dejes caer, etc.

 

Lo más triste es que cuando uno siente que hizo todo lo que entendía y sabía, trato todo lo que pensaba necesario y sin embargo nada salió como esperaba. Solo queda la sensación de pérdida, impotencia y frustración.

 

Por más de que se tiene una actitud positiva y se trata de mantener el buen ánimo, la poca respuesta a las expectativas hace más pesado el seguir intentando y poder lograr lo que se ha propuesto.

 

Nunca es imposible, pero constituye un reto mayor que requiere mayor resistencia y fortaleza.

 

Cuando uno se tambalea y piensa que ya no puede, sin querer se compara y el maltrato mental lo acaba. Pensamientos como: el si tiene…, ella si pudo…, ellos lo hicieron…, para otros es más fácil, su posición les ayuda, su familia los apoya mejor etc.

 

Las cosas se ven pesadas, cansadas, difíciles, el desaliento y la frustración han sobrepasado la motivación del deseo a innovar y recrear nuevas posibilidades. Lentamente la persona comienza a sentir que no puede, no sabe y quizá es mejor desistir.

 

 Escuchan los buenos consejos que les llegan. Sin embargo, por mejor intencionadas que sean, las opiniones que les ofrecen, en realidad, la carga y el dolor que la frustración ha impuesto, no permiten comprender el sentir y la sensación de querer tirar la toalla, y querer dejarse rendir.

 

Justo el momento obscuro, inserto, pesado donde las dudas se multiplican y el ánimo se desvanece, es ese momento cuando uno tiene que repetirse, tengo que tratar una vez más, puedo volver a intentar. Algo bueno me puede salir. NO VOY A PERDER ESTA VEZ. NO ME VOY A RENDIR.

 

Así, sin mayor esfuerzo que cambiar el diálogo interno, se redirigen los pensamientos y se continúa el camino a pesar de que se sienta pesado.

 

Uno no es un perdedor porque se desanima, siente temor o no ve una posible salida con éxito. Tampoco es una persona que se rinde, porque tiene momentos de decepción, tristeza o enojo. Uno no es un fracasado porque ve cómo otros han triunfado y disfrutan lo que  también quisiera tener.

 

No hay triunfo sin batallas perdidas. No hay éxito sin decepciones. Uno no puede hablar de lo bien que esta, sin tener sensibilidad para entender el dolor de otros y recordar que no siempre es posible que todos puedan conseguir lo que quieran.

 

La magia de la vida no consiste en triunfar, sino en no darse por vencido. Aun cuando siente que casi todo está perdido. Las cosas pueden cambiar de un momento a otro. Hay que dejarse sorprender. Vale la pena tratar.

 

 

 La receta

 

No rendirse

 

Ingredientes:

 

Compasión – tener palabras nobles, con ánimo y con amor propio

Sensibilidad – consideración y empatía ante el esfuerzo y el dolor de los demás

Determinación – deseo y lucha con firmeza y decisión

Perspectiva – visión panorámica del esfuerzo y los logros del camino recorrido

Tiempo – paciencia, todo tiene un lugar y un momento para que las cosas sucedan

 

Afirmación Positiva para no rendirse:

 

Creo en la magia de la vida. Reconozco que no todo lo que quiero se da fácil pero no me voy a rendir. Soy responsable por el esfuerzo y la dedicación que le doy a mis proyectos. No puedo controlar los resultados que no dependen de mi. Estoy en paz con mis pensamientos. Puedo desilusionarme y aun seguir luchando. Puedo frustrarme y seguir tratando. Mis esfuerzos nunca son en vano. La vida me reta y las cosas llegarán en su debido momento.

 

 

Para no rendirse:

 

  1. La decepción y la frustración solo ubican y permiten ver nuevas posibilidades. Cuando uno se toma el tiempo para reflexionar y analizar lo que no se dio como se esperaba, encuentra el espacio para entender lo que sucedió y determinar a dónde se quiere ir con la nueva información.
  2. Abrir perspectiva y agradecer lo que se tiene ayuda a no enfrascarse en el desánimo. Enfocarse solo en las cosas que no se tienen y lo que no se ha logrado evita disfrutar y valorar lo que si se tiene. Se pierde más cuando uno solo se fija en lo que no tiene.
  3. Cuidado de los pensamientos negativos. Alimentar la frustración y el desánimo, conduce a la mente a querer darse por vencido sin tratar otra vez, ya que las historias que escucha están llenas de dolor y de decepción.

 

Antes de rendirte, trata algo nuevo, encuentra una nueva razón para volver a tratar. No dejes que la decepción te robe la posibilidad de ser y vivir como quieres.  Celebra tus logros por más insignificantes que sean. *Prohibida su reproducción total o parcial sin el permiso escrito del editor y sin citar la fuente. Copyright © 2005-2020 Recetas para la vida© Todos los Derechos Reservados 

 

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