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Partiremos de la idea de que el principio del apoyo mutuo es fundamental para el éxito en todas nuestras interacciones. Gracias a ese sentido de mutua colaboración, que se fue estructurando a través del desarrollo social, pudimos superarnos a nosotros mismos y alcanzar logros de supervivencia muy superiores a los que cabía esperar, en relación con el resto de las especies animales. Dentro del mismo nos encontramos con cinco aspectos interdependientes que iremos observando a continuación. Empezaremos por considerar el carácter que necesitamos para acometer tal empresa de la colaboración constructiva. Cuando logremos que éste sea el adecuado para favorecer las relaciones humanas, lograremos alcanzar acuerdos con facilidad. Seguidamente necesitamos prestar atención al ambiente, el entorno propicio para ese apoyo mutuo. Éste habrá de ser aquel en el que la estructura y los sistemas se basan en buscar y actuar en función del beneficio de todas las personas que participan en el proceso. Este proceso, sin el que no podemos alcanzar fines de apoyo mutuo, lógicamente fallaría si pensáramos en utilizar cualquier medio que presuponga el aprovechamiento de unos sobre los otros; la explotación por la plusvalía, por ejemplo.

Por lo tanto, para poder cumplir con las condiciones propicias para esa mutua cooperación productiva y enriquecedora para todos, en sentido amplio, es importante observar y comprender las cualidades y matices recientemente citados. Comenzaremos, en este sentido, por abordar el carácter. Y para entender qué estamos denominando carácter necesitamos, antes que nada, establecer una serie de puntualizaciones. En primer lugar, debemos dejar en claro que carácter no es lo mismo que temperamento. Consideraremos que este último es la base biológica del primero y que está determinado por el proceso fisiológico, en el que influyen ciertos factores genéticos. Estos factores genéticos, por lo tanto, inciden en nuestras conductas a través del temperamento. Al mismo tiempo, también se suele aceptar que ciertos efectos intensos y permanentes del entorno pueden llegar a influir de forma importante en la formación del temperamento de cada persona. El carácter, en cambio, podemos entenderlo como el conjunto de las disposiciones psicológicas que nacen del temperamento. Lo modificamos o moldeamos por medio de la educación y el trabajo personal, llegando a consolidarlo en los hábitos. Este último sería pues el resultado y síntesis de la forma en la que reaccionamos habitualmente frente a una situación dada, en ciertas circunstancias o coyuntura. Por ejemplo, se dice de una persona a la que le gusta servir y ayudar a los demás que tiene un carácter generoso, altruista o servicial. Por su parte, una persona muy rigurosa y estricta con lo que dicen y hacen otros, cuando se expresan y actúan de una forma que no es de su agrado, se considera que es rencorosa, que tiene ese carácter, especialmente cuando este malestar o enfado lo mantiene por largo tiempo sin olvidar ni perdonar. Desde esta pequeña conceptualización podemos llegar a entender que el carácter más adecuado para el apoyo mutuo es el primero y no el segundo.

Seguiremos profundizando en este tema. En cualquier caso, debemos tener siempre presente la necesidad de afecto que nos mueve, de una forma directa o indirecta, declarada o implícita. Y este tema es tan importante que a él dediqué mi reciente libro: Todos queremos que nos quieran.

Si aprendemos a respetarnos y apoyarnos afectivamente, nuestra vida y nuestro entorno mejorarán considerablemente. Un gran abrazo.

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