Retos Femeninos

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El hombre afronta la vida como un exámen de capacidad. 

Para mí, la muerte no existe;  es la graduación de la vida y cuando uno termina la tarea, Dios nos regala  una estrella.

Está en manos del ser humano el decidir como va a vivir ese momento, puede ser con desesperación, confianza, oportunidad, fe, esperanza y amor.

Dios no suprime la presencia del dolor en la vida de quien lo sigue, pero si la ilumina.

La muerte es la última y la más radical etapa de la vida. La muerte puede ser una motivación, las personas a las que les dicen que les queda poco de vida, se dedican a ser felices, a ser mejores, a ganarse el cielo.

Adán trajo la muerte al mundo, tenía que venir alguien más grande a traernos la vida, la muerte es el sublime encuentro con la misericordia amorosa de Dios, que viene a buscarnos, para llevarnos a participar para siempre de su gloria.

El nos ha prometido resucitarnos, con su muerte nos conquista la vida "Hay que morir para vivir" dice la canción, morir para vivir, vaya paradoja más misteriosa.

El tener fe no elimina el dolor humano. Y el dolor es la tintorería del alma.

Hemos de dejar todo: familia, amigos, casa, empresa, negocio. Es dejar todo para poseer el todo.

Los seres humanos tenemos una fecha de caducidad por eso tenemos que sembrar más, cosechar más, aprender más, enseñar más y cada día ser mejores.

La muerte no es más que el paso necesario para ingresar a la eternidad, en donde ya no habrá penas, ni dolores, ni preocupación, será tan sólo el disfrute pleno de la felicidad de Dios. Por eso Santa Teresa escribe "Que muero por que no muero."

Nuestra esperanza no espera en algo, sino a alguien, será el feliz momento en que lo prometido se cumpla.

De aquí que es completamente superfluo y necio el estar preocupándonos angustiosamente por el paso del tiempo y por el momento en el que tengamos que abandonar el mundo para CAMBIARNOS DE CASA.

Morir entonces es la liberación, ya no hay enfermedad, ya no hay fatigas y sobresaltos, ya no más proyectos fallidos, ya no más fracasos y hemos de firmar la última pagina del libro de nuestra historia, con un enorme GRACIAS, ya no hay nada que añadir todo estará plenamente terminado.

Aquí podremos decir ¿Oh muerte, dónde está tu victoria? ya no habrá nada que pueda separar a la hija que está en los brazos de su padre.

No nos preocupemos por el futuro de los que se quedan. Dios cuidará de ellos con amor personal, se encargará de enjugar sus lagrimas y de mitigar su pena y sabremos que el amor es más grande que la muerte.

Yo entendí la muerte con este poema de mi madre.

Mi Divino Señor di que es la muerte,

A veces me la explico obscura y fría

Pero a veces yo se que es la alegría

de volar hacía ti, de poder verte.

Entonces mi Señor todo lo inerte,

de este trance esperado y tan temido

se me vuelve un anhelo florecido

de mirarte, sentirte y poseerte. 

Así pues, no hay razón para ofuscarnos

cuando la muerte trunca nuestra vida...

No hay para que temerle a la partida

ni para que dudar, ni atormentarnos,

es más, debemos bendecirte y alegrarnos

porque vivir en ti eso es la vida.

 

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