Retos Femeninos

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Sé que el mundo está sufriendo en muchas partes del planeta. Muchos se están acercando al punto de ruptura. Y, para que quede claro, no sólo estoy hablando de los desafíos abrumadores de la pandemia. Hablo del mundo cotidiano fracturado en el que vivimos. La forma en que nos tratamos unos a otros y lo divididos que estamos en la forma en que pensamos, sentimos y actuamos. Hay conflicto y división dondequiera que mires — entre naciones, religiones, partidos políticos, vecinos, familias y extraños.

Es seguro decir que, tanto a nivel global como local, hay una brecha sin fin que nos separa — una brecha tan ancha y distante que apenas se puede reconocer quién está de pie al otro lado.

Pero todavía tengo esperanza. Definitivamente puedes llamarme la optimista. Mi cabeza está orgullosamente en las nubes (o debería decir en las estrellas). Creo que todavía podemos juntarnos y unirnos por un planeta mejor y un mundo más consciente. Ya hemos demostrado que podemos.

Piénsalo: ¿qué es lo primero que sucede cuando una tragedia ocurre en tu vecindario, tal vez un terremoto, o una inundación devastadora, o la repentina muerte de un preciado miembro de la comunidad? Sabes lo que pasa, ¿verdad? La gente se reúne rápidamente, y se reúnen alrededor de los necesitados. Lo hacen sin que se les pregunte. Ofrecen sus casas, hacen comidas, recogen ropa, ponen sus autos para compartir — lo que sea necesario para aliviar el dolor de otro. No sólo es reconfortante sino esperanzador, demostrando claramente el poder del amor y lo que es posible cuando te preocupas por otro ser humano.

En resumen, la solución a nuestra gran división planetaria es simple: Debemos hacer por el planeta lo que hacemos por nuestros vecinos — debemos juntarnos y unirnos. Debemos reunirnos alrededor de un mundo necesitado, uniendo nuestras manos en solidaridad para que le dejemos a nuestros hijos un planeta más entero y un futuro mejor.

Con ese espíritu, sería prudente recordar que el 20 de diciembre es el Día Internacional de la Solidaridad Humana, y es el momento perfecto. De hecho, no se me ocurre un día mejor para que cada hombre, mujer y niño se ponga de pie y se unan de una vez por todas.

Pero antes de comenzar este viaje, recordemos que la solidaridad es más que protestar por algo en las noticias, marchar en grupo, sostener carteles y cantar slogans. Puede ser parte de eso, pero no es toda la historia. La solidaridad consiste en unirse detrás de un objetivo o propósito común, de cualquier manera, o forma que pueda significar para ti.

¿Y cuál es este objetivo o propósito común?

Bueno, desde mi punto de vista, creo que nuestro mismo objetivo es reconocer que esa gran brecha que nos divide, es realmente una ilusión. No hay división, sólo la que existe en nuestras mentes, que luego engaña a nuestros ojos. De hecho, lo que realmente nos divide son nuestros juicios y temores, así como todas las mentiras que nos hemos dicho sobre lo que existe al otro lado del cañón.

La verdad es que, a los ojos del Universo, no hay brecha. Y aunque la hubiera, ¿quieres saber qué hay del otro lado? Tú. Y yo. Todos nosotros. Somos uno y el mismo, mirándonos como si estuviéramos a años luz de distancia, cuando, de hecho, estamos tan cerca como un latido del corazón. ¡Somos familia!

Por supuesto, nunca sabremos lo cerca que estamos hasta que dejemos de juzgarnos a nosotros mismos y a los demás.

Es hora de que demos la bienvenida y abracemos nuestras diferencias, al mismo tiempo que reconozcamos que cada uno forma parte del mismo tejido de la Divinidad. Y como he aprendido a través de mi enseñanzas de Ho’oponopono, solo podemos hacerlo rindiéndonos a esta parte más grande de nosotros mismos, lo que sólo sucederá cuando decidamos asumir toda la responsabilidad (no culpa) y decidamos volvernos más humildes y cambiar.

Y una vez que lo hagamos, experimentaremos gloriosamente la libertad y el gozo que viene cuando dejamos de lado nuestros miedos, nuestros egos, nuestro pasado y todas las mentiras que nos han impedido ver lo que es real.

En este momento, habremos vuelto a Zero — quienes somos — nuestro verdadero estado de paz y ser. Y desde esta enegía sagrada, que yo llamo Zero Frequency, descubriremos el poder del momento presente y la profunda conciencia de que no hay distancia entre nosotros. No hay brecha. Sólo hay amor, verdad y una profunda aceptación de lo que somos.

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