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Historia Original: Claudia Torres.

Hace apenas ocho días que mi vida dio un cambio absolutamente inesperado, si alguien me hubiera preguntado lo que iba a vivir el domingo con motivo de la celebración del “Día del Abogado”, mí día, me hubiera hasta reído de lo inverosímil del evento.

- ¿Qué te parece que vamos hoy de día de campo con mis perros, el día está radiante, podemos ir a caminar y pasar un muy buen rato jugando con ellos; hay un riachuelo en el que cada vez que hemos ido Rocky se avienta a jugar entre las piedras y a brincar dentro del agua, te va a gustar, si estás de acuerdo, nos vemos a las 10:30 de la mañana.- me dijo mi amigo.

El par de ocasiones que he salido con Dodi, Rocky –sus perritos- y con él, ha sido tan divertido y especial, juntos los tres son tan alegres, originales y vivos que me contagian y llenan de vida. Así acepté, confiada y emocionada de que sería un día especialmente feliz, sin imaginar, en ese momento lo que viviríamos todos.

- Vamos al Parque de los Dinamos, es un lugar que te va a gustar mucho, tiene cascadas y saltos de agua del río Magdalena, que me han dicho que es el último río de la Ciudad de México y no creo que haya mucha gente porque lo acaban de abrir hace apenas unos días.
- Pues ya está, comienza el paseo. –Le dije y nos fuimos.

Tal y como él me lo había platicado, es un lugar precioso, lleno de árboles de diferentes especies, flores de varios colores y olores, pájaros volando tan cerca de nosotros y con un riachuelo, el que tan pronto vio Rocky se aventó de inmediato para disfrutar del agua fresca y detrás de él el pequeño Dodi, incluso mi amigo, también se adentro en el pequeño río para jugar con sus mascotas y mientras los veía jugar y divertirse yo disfrutaba de todo lo que en ése momento la vida me estaba ofreciendo, un hermoso paisaje y esta gran sensación de paz, de bienestar que me inspiraba ése lugar, además de pensar lo fácil y simple que puede ser la felicidad y la alegría, momentos quizás tan simples pero tan significativos para siempre.

Después de un buen rato, decidieron salir del riachuelo para que siguiéramos caminando y por mi parte conociendo el Parque, cuando de pronto vi a lo que parecía ser un borreguito negro.

- ¡Mira es un borreguito negro!, le dije.
- ¡No es un borrego, es un perrito!

Nos acercamos todos, sigilosamente para no espantarlo y sí era un pequeño perrito, un tanto sucio, polvoriento, maloliente, despeinado, espantado, cauteloso, aunque viéndolo con tanto pelo, pensé que seguramente bien bañadito, se vería precioso, no se veía de ninguna forma corriente, era una mezcla de raza Labrador con Golden, sin duda vendría de buena familia. Cuando nos vio, de inmediato empezó a mover su cola, se acercó, nos olió y desde ese momento hubo un amor y un vínculo tan fuerte que ya nunca se nos separó, nos gustamos desde que nos vimos y nos gustamos tanto para ya no volvernos a separar, perrito resbaloso. Pero ¿Qué pasaría? ¿Quién sería el dueño?¿Por qué estaba ahí? ¡No nos lo podríamos robar!

- ¡Me encanta! Lo quiero, le voy a llamar a mis hijos para ver si les gusta y si no es de nadie, si nadie lo reclama, ¿nos lo podríamos llevar?
- ¡Barbarita! Mira a quién nos encontramos y no se quiere ir de nosotros, vamos a ver si tiene dueño o alguien que lo reclame, pero si no lo hubiese ¿Te gusta? ¿Quisieras que lo tuviéramos en la casa?
- ¡Claro mami, está hermoso!
- ¿Crees que a Emmanuel le guste, que lo quiera?
- Seguro, se ve tan bonito….

A muy pocos metros había un área de comida, en la que había algunos comensales y al verlos, pensaba con recelo si alguno de ellos sería el dueño de éste hermoso perrito que ya nos quería y al que ya no queríamos que se fuera de nosotros.
Pasaron los minutos y más minutos y nunca nadie se acercó a reclamarlo, a decirnos que era su dueño ni a exigirnos que lo devolviéramos. Continuamos por ahí, rondando para ver si alguien por fin preguntaría por él, sin embargo, nadie lo hizo.
Y mientras, nuestro nuevo amigo seguía jugando con sus compañeros ya inseparables, persiguiéndose unos a otros como si se hubiesen conocido por años, ¿en qué cabeza pudiera caber dejarlo?

-¿Nos lo podemos llevar? ¿Me lo puedo quedar?, emocionada le pregunté a mi compañero de aventura.
- ¡Nos lo llevamos, será de ustedes! Afirmó.
- ¡Lo llamaremos Dínamo!

Ya avanzada la tarde nos fuimos y cuando llegué a casa, llamé a mis hijos para que corrieran a ver la sorpresa que les tenía. Barbarita no estaba, pero Emmanuel sí, desde que lo vio, no pudo más que sentir una gran alegría de tenerlo y que fuera parte de nuestra familia.
Desde hace casi 18 años hemos tenido un hermoso perro blanco que se llama Scottie a quien hemos querido entrañablemente, nos ha acompañado a lo largo de casi toda la vida de mis hijos. Hoy Scottie, ya es un poco grande y un tanto deteriorado de salud, aunque en realidad se encuentra en excelente estado a pesar de sus años, es carismático y con una gran estrella.
Al llegar Bárbara a casa, confirmó la sensación que tuvo cuando lo vio por video llamada, lo abrazo y le dio la bienvenida.
Ahora las decisiones a tomar, ¿Cómo lo llamarían? Y ¿Cómo presentarlo a Scottie para que éste no se sintiera invadido, ni desplazado? Para que Scottie siguiera sintiendo que él era y es el rey en ésa casa.
Juntos pensamos y soltamos al aire, varios nombres, evidentemente “Dinamo” que era el que yo había escogido, fue de inmediato descartado, hasta que después de varios intentos, ¡Bingo! Su nombre será ¡Ringo! ¡Ringo Starr! Como el de los Beatles, grupo del que Emmanuel es eterno fan, todos coincidimos.
Al día siguiente, el encuentro entre Scottie y Ringo, para suavizar el evento, pensamos que lo ideal sería llevarlos de paseo, a caminar por el camellón que se encuentra enfrente de nuestra casa, teníamos miedo de la posible respuesta que daría nuestro tan querido Scottie, aunque siempre hemos estado tan claros de su bondad, que presentíamos el buen recibimiento que le daría.
Cuando se vieron, lo único que hicieron fue olerse, verse, reconocerse y no hubo más, un paso más en el camino de adaptación.
Los tres primeros días, para mí fueron un tormento, días en los que rápidamente vino la veterinaria de Scottie, hoy también de él, y nos dijo que su estado de salud es perfecto, que es un pequeño bebé de cinco meses; también vinieron a bañarlo, peinarlo, dejarlo guapo. Pero también fueron días en los que no obedecía, hacía sus necesidades por todos lados y a todas horas, tanto que me sentía tan arrepentida de haberlo traído, de repente pensé en darlo en adopción a lo que mis hijos me pidieron que no lo hiciera, que ellos cooperarían para que continuara con nosotros.
Al pasar de los días, Ringo ha ido ganando tanto terreno en nuestra familia es amoroso, empalagoso, coqueto y feliz, mueve su cola, celebrando la vida y demostrando su alegría, nos mira con unos ojos de tanto agradecimiento, hay momentos en que lo acaricio que cierra sus ojos al sentir mis manos en su carita y pienso en lo vital que puede ser una caricia en la vida de una persona ó en éste caso de nuestro querido Ringo.
El giro que dieron nuestras vidas en ése instante perfecto en el que decidí traerlo a casa. ¿Qué historia habrá tenido? ¿Quién lo habrá dejado? O habrá nacido ahí? Tan lindo y tan lastimado. Hasta hace dos días, en que ya lo tuve que regañar, me abrazaba mi pierna para no soltarme y para no dejarme ir, un abrazo angustioso para evitar volver ser abandonado de nuevo, tuve que hablar muy seriamente con él para que lo dejara de hacer y para que supiera que no me iría, que no volvería a ser abandonado y tan inteligente, lo ha dejado de hacer disminuyendo su angustia y ansiedad, día a día, empieza a tener certeza y confianza en la buena fortuna con la que ha nacido, sabiendo que no volverá a ser echado a la calle ni aventado a su suerte.
Con Scottie, de repente abusa de su bondad, le quita su comida, lo empuja cuando ve que lo vamos a acariciar, corre cuando ve que se va a acercar y una serie de acciones que lo único que nos deja ver es su gran necesidad de ser visto y de ser amado. Amor que en nuestra casa tendrá de sobra.
Es entendido y va aprendiendo a comportarse, a cumplir con las reglas de urbanidad de nuestro hogar, se ha ido adaptando tanto que cada vez es más ligera su presencia y sí más necesaria.
Sin embargo, algo pasaba en mi, no había estado en paz durante ésta semana, sentía como si me hubiera robado a Ringo, por lo que desde el martes escribí al Parque de los Dinamos para avisar lo sucedido, dando sus características y enviando una foto de él, después de unos días me contestaron que nadie había reclamado a un perrito así.
- No te preocupes, nadie lo ha reclamado, te lo puedes quedar, sabemos que estará en buenas manos; es tan común que vengan tantas personas a aventar a sus perritos al parque…
- No puede ser, ¿porqué alguien haría eso?
-Y no solo eso, ahora que hemos reabierto el Parque, encontramos a una manada de perros que al no haber tenido comida para alimentarse murieron de hambre.
Hoy sé, al ver los ojos de Ringo, lo afortunados que hemos sido ambos de haber tenido éste amor a primera vista y de dar éste giro al destino para poder escribir una nueva historia.

México, el país con más perros callejeros en América Latina, aumenta 20 % anual.
Anualmente cerca de 500,000 gatos y perros son abandonados en México.

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