VIVIR SIN MIEDO


Obviamente que no podemos vivir como si los ladrones no existieran o si no nos pudiera pasar nada malo. Las precauciones deben existir para vivir seguros, pero el miedo se va agregando uno sobre otro hasta hacerse pesado y penetrar dentro de nuestra alma. Y no es lo mismo tomar una precaución por precaución que por miedo.

Y es mucho más claro cuando estamos pensando en nuestro futuro o de nuestros sueños. Miedo a fracasar, miedo a no poder conseguir un trabajo y luego a no saber hacerlo, miedo a defraudar a otros, miedo a no ganar lo suficiente para hacernos ricos, miedo a no ser ricos, miedo a envejecer en la pobreza, miedo a, miedo a, miedo a vivir.

El miedo mental es una excusa que da permiso a nuestra mente para hacer lo que quiera y llevar ella el control de nuestra Vida. La mente es a veces como un caballo desbocado que necesita un jinete, tú, para ponerle disciplina y poderla utilizar de maneras útiles. El miedo nos bloquea o paraliza haciendo que posterguemos decisiones que son buenas para nuestro crecimiento personal, profesional y/o interior con una excusa que nos parece razonable o justificable.

Si Thomas Alba Edison se hubiera rendido en sus cinco mil intentos fallidos de hacer una bombilla, ahora no disfrutaríamos tan cómodamente de luz eléctrica. Vale la pena el intento. Lo importante no es el resultado, si no que tú te has atrevido a apostar por tu sueño. Oportunidades hay muchas y sólo tiene derecho a sentirse fracasado el que nunca intentó nada. Dicen que el temor es el contrario del amor. Si tienes suficiente amor, confianza y entusiasmo dentro de ti, no habrá miedo que se te resista.

Los miedos se van apoderando de nuestra vida a medida que crecemos y nos hacemos adultos y viejos. Cuando somos jóvenes no tememos a nada, nos parece todo posible y todo está a nuestro alcance. Pero a medida que envejecemos todos los miedos se van amontonando en nuestra cabeza, haciéndonos más tibios, más dubitativos, más cobardes en el fondo. Además nos hemos acostumbrado al miedo, es un compañero de toda la vida, es alguien que viaja con nosotros. Y sin darnos cuenta, actuamos por miedo siempre a algo. No hacemos lo que queremos sino lo que nos hace sentir más seguros. No tomamos de la vida lo que necesitamos o deseamos sino aquello que nos da más seguridad. Y ponemos excusas para ello. Siempre hay una excusa a mano, que es lo mejor para la familia, que es lo mas seguro, que es lo que mas nos tranquiliza.

 Aquellos que temen al fracaso deberían saber que las personas más exitosas lo han probado una o varias veces en sus vidas. No obstante, lo que hizo la diferencia es la forma en que ellos aprendieron del fracaso; cómo pudieron usarlo para triunfar en la vida. La verdadera falla está en no intentarlo de nuevo una vez que el fracaso ha tenido lugar, desde luego, por temor a volver a hacerlo mal.

El temor al fracaso crea ansiedad debido al miedo de no saber y no estar seguros de lo que ocurrirá a continuación. Con frecuencia, esto se convierte en un pequeño problema, que nunca se sabe dónde termina. Mientras más piense una persona en la posibilidad de fallar, mayor tiempo pasará sacando conclusiones e imaginando los posibles escenarios. Inconscientemente, su temor al fracaso ha convertido a un pequeño problema en algo mucho más grande y complicado.

Una persona que tiene miedo al fracaso puede ser muy competitiva, ya que a sus ojos, todas las personas y las oportunidades representarán posibles amenazas. Esto elimina toda posibilidad de goce incluso en aquellas situaciones simples y carentes de presión. Esta persona estará constantemente nerviosa y ansiosa. El sentimiento de presión generada por hacer más y por superar las fuerzas normales de una persona puede conducir a conductas erráticas y a un estado de cansancio general.

Hagas lo que hagas, no permitas que el sentimiento de amargura se quede en tu interior ya que se agrandará cada vez más y terminará por arruinarte. Habla acerca de tus temores y tus frustraciones, de tus miedos,  porque es la única manera de sacarlos definitivamente de tu sistema.

Quienquiera que haya dicho que el éxito es el fracaso que cambia repentinamente de rumbo, debe haber fallado una o más veces en su vida. Y, además, ¿cómo sabríamos que el fracaso no es más que éxito disfrazado? No le temas.

 

 

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