Rosalía vino a una sesión individual de Psicoterapia Financiera:

"Jaime es mi esposo y siempre mantuvimos su trabajo y mi negocio separados hasta que a él lo liquidaron... Después de varios meses y al no encontrar trabajo, me sugirió que era una mejor idea que trabajáramos juntos en mi empresa y que así ya nunca más estaríamos sujetos a un despido y que nuestra familia estaría más que nunca segura pues ambos seríamos empresarios. Me pareció una muy buena idea y rápidamente iniciamos con los trámites para darlo de alta como socio dentro de la empresa (que yo había fundado 8 años atrás).

Rápidamente comenzó a tomar el control de ciertas áreas y de responsabilidades dentro de la empresa que me habían correspondido a mí desde que yo la había fundado. Realmente yo ya estaba un poco cansada así es que en su momento, me pareció liberador e incluso me pareció romántico y cómodo: ¡ahora además de esposos éramos socios!.  Los meses continuaron y Jaime me dijo que para capitalizar la empresa podíamos "fingir" una operación de compra-venta de mi casa (la casa donde habitábamos y que yo había comprado antes de casarnos) para que el dinero de dicha operación entrara a la caja de la empresa. Me pareció una buena idea aunque dentro de mi no me sentía muy cómoda pero rápidamente me dije a mi misma: no pasa nada, finalmente la casa ahora está a nombre de nuestra empresa. Un año y algunos meses pasaron y Jaime comenzó a condicionarme mis comisiones por ventas, yo me enfocaba en tener pocos clientes que facturaran cantidades importantes y a él le parecía que yo trabajaba poco por lo que comenzó a limitar mi ingreso por concepto de comisiones de ventas... ¿Cómo?, oye, pero si esta es mi empresa y de esta forma es como yo le pago a mis empleados... Algo realmente ya me estaba incomodando muchísimo pues se comportaba como mi Jefe y yo me daba cuenta perfectamente de las compras y facturas que realizaba a nombre de la empresa y tampoco era tonta, me daba cuenta perfectamente que estaba sacando dinero de la empresa por otros lados... Lo peor es que, nuestra relación de esposos se ha deteriorado muchísimo, yo no me siento para nada como antes pero no se bien ¿qué hacer?, presiento que estoy en un problema pero no se ¿cuál es y no puedo verlo o entender bien a bien qué es lo que pasa?"

Yo escuchaba atentamente a Rosalía...nuevamente, mientras ella me iba poniendo al tanto de la situación, yo ya me iba imaginando lo que venía. Yo escuchaba: primero se hizo socio de la empresa, luego, ya no es dueña de su casa, ahora le limita el ingreso y actúa como su jefe y...

Al momento de llegar a su aseveración "pero no se bien ¿qué hacer?, presiento que estoy en un problema pero no se ¿cuál es y no puedo verlo o entender bien a bien qué es lo que pasa?" yo sabía que estaba ante un caso más, si, uno más, de una mujer que poco a poco había sido despojada de su autonomía financiera.

Rosalía era una mujer autónoma,  con una casa propia y un negocio exitoso ANTES DE CASARSE. Ella había construido un patrimonio propio y tenía cierta seguridad, independencia y tranquilidad financiera que le habían costado construir gracias a sus propias habilidades, talentos y esfuerzo propios.  ¿Cómo es que después de los años, se encontrara compartiendo su empresa, sin la casa a su nombre y con una pareja que había dejado de tratarla como a la dueña y fundadora de la empresa y antes que nada a la mujer que lo amaba y confiaba plenamente en él?

Después de varios minutos de trabajar juntas, Rosalía cayó en cuenta de los errores que había ido cometiendo, uno a uno en el entramado de "estrategias empresariales y financieras" que su esposo le había propuesto. 

Rosalía puso todos sus "huevos en la misma canasta", es decir, en manos de la misma persona que ahora era su esposo, su jefe y su socio. Por exceso de confianza, de amor y con una gran falta de visión respecto de las consecuencias en caso de que las cosas se pusieran mal. A Rosalía le faltó ver el panorama A, B o C y solamente se quedó con el A que era el que Jaime le mostraba.

"Dejaste de escucharte a ti misma", le dije. Ella misma me había dicho que al aceptar la operación de la venta de la casa no se había sentido cómoda pero que inmediatamente se dijo otra idea para alejarse de ésa sensación. "Era tu sabiduría interna, era tu sabiduría organísmica la que estaba avisando pero no le hiciste caso".

No solamente ha sido Rosalía sino que, últimamente,  he tenido en las sesiones individuales, la visita de varias mujeres con una situación muy similar: su novio, su hermano, su esposo, su amigo, le ha ido despojando poco a poco de propiedades, derechos, libertades, cuentas sin que ella (aparentemente) se de cuenta y una vez que trabajamos más a fondo sobre la forma en que se fueron desencadenando los eventos, todas, sin excepción me han dicho: recuerdo que eso no "me daba buena espina", efectivamente "no me sentía cómoda", algo "no me sonaba bien" pero no me escuché y seguí adelante con lo que él me pedía.

Este artículo tiene como objetivo el pedirte que te escuches y que por favor, aquellos bienes, dinero, empresa, marca, propiedad intelectual, activo, producto, patente, herencia, participación en una sociedad o cualquier otra cosa que te pertenezca NO transfieras su propiedad o derechos a nombre de alguien más. Date cuenta que es algo que tienes tu y te pertenece, y con ello, es algo que te da seguridad, tranquilidad, autonomía y forma parte de tu patrimonio personal. No de Jaime, no de Alberto, sino de ti.

Rosalía ahora debe de realizar una estrategia muy inteligente para ir recuperando sus cosas poco a poco, y eso, si Jaime se lo permite. Rosalía hoy por hoy no tiene la potestad sobre su propia casa. Rosalía fue perdiendo al paso del tiempo en vez de ganar ¿te das cuenta? Que no te pase lo mismo a ti nunca.

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Te envío un abrazo grande y no te pierdas la tercera parte!!.

 

Beatriz.

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