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"Por supuesto que soy líder ante mis propios hijos, faltaría más, que se han creído estos pedagogos/psicólogos/terapeutas!!". ¿Y es que puede haber algún padre que no sea líder de sus hijos?

En profundidad o superficialmente, todos los padres, por lo menos en un principio, son líderes para sus hijos. La dificultad no está en adquirir lo que viene por naturaleza, sino en mantenerlo de forma oportuna con el transcurrir de los años, sin abusos, adulteraciones ni sucedáneos.
Muchos padres se sienten líderes ante sus hijos, pero no son más que líderes emocionales; si se me permite la expresión, son como espantapájaros circenses que se esfuerzan por evitar que se acerquen los peligros mientras les entretienen para que no se aburran.
Cuando llega el "mamá me aburro, pues ya no me gusta, no quiero esto, quiero lo otro", cuando el chico evoluciona o cambian las circunstancias, el liderazgo se desvanece y los padres se ven en la tremenda tarea de "ganarse a los hijos" para que hagan caso. Este liderazgo efímero y precario debe aliarse o competir con las emociones del ambiente. Los padres que se manejan con un liderazgo emocional viven en un continuo seducir a los hijos los cuales, nunca quedan satisfechos.
Algunos padres son conscientes de lo difícil que es ejercer la paternidad sin concesiones y chantajes: "Sé que no es bueno ceder a todos sus caprichos, pero tienes que verlo, se pone insoportable. Sé que le consentimos demasiado, pero es que le queremos tanto..." Y también los hay que vislumbran las consecuencias: "Mi hijo me responde con un tono despótico; me asusta pensar qué ocurrirá cuando llegue a la adolescencia. Escuela de familias. Sé líder ante tus propios hijos. A su madre le falta al respeto y a mí no me hace ni caso, ya no sabemos qué hacer con él. Está siempre quejándose. Cuando algo no le gusta o se cansa, o encuentra un obstáculo, abandona o lo deja". De esta forma va a encontrar serios problemas en la vida.
Muchos padres al evaluar la situación tratan de diluir su responsabilidad culpando al propio hijo o al otro cónyuge: "es que mi hijo es muy caprichoso. Es muy listo y siempre se sale con la suya. Él busca las formas, tantea con uno y con otro hasta que al final consigue lo que quiere. Claro, como su padre nunca está en casa el chico es caprichoso, consentido. Mi marido lo arregla todo echándome la culpa, como si él no tuviera nada que ver en la educación de sus hijos".
También ocurre, sobre todo a las madres, que se culpan a sí mismas: "es que no le estoy dedicando el suficiente tiempo. Soy demasiada blanda con ellos, les concedo demasiados caprichos y los mala costumbre". En cualquier caso, se trata de una actitud pesada e inútil. No se arregla nada culpabilizando a otros o culpabilizándose a sí mismo. En el fondo, esta reacción responde al deseo de que las cosas sean de otro modo. Sin embargo, las cosas son como son, y si queremos que cambien primero habrá que aceptarlas. (Paso 1)
 
Lo que sigue, es estudiar: auto-observarse, aprender sobre sí mismo y sobre los hijos (paso 2) y finalmente llevar este proceso a la siguiente etapa, al lugar. momento o actitud deseados con acompañamiento (paso 3). Ya no cabe la expresión: "Nadie nos enseña a ser padres", actualmente hay mucha información y muchos profesionales al alcance de la mano de todos. Se requiere tener la voluntad y la disposición para hacerlo.
 
Recuerda que no estás sola, siempre hay quién pueda acompañarte en tu proceso de manera segura, confiable y responsable. Estoy aquí para ti, para escucharte y para facilitarte el camino; así que me encantará leerte.
 
 
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