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Sentí el amor puro de un padre amándome con todo el amor que podía esperar”.

 

Al acercarse el Día del Padre, muchos de nosotros recordamos todas las formas maravillosas en que los padres han fortalecido y apoyado a sus familias.

Pero para los más de 20 millones de niños que viven en los Estados Unidos sin la presencia física de un padre, el Día del Padre puede ser un momento difícil. Agreguemos a esto los millones de padres que están físicamente presentes pero emocionalmente ausentes. Si pensamos en todo el mundo, el número es mucho más grande.

Según el National Center for Fathering [Centro Nacional de Paternidad], si la ausencia del padre “fuera clasificada como una enfermedad, [sería] una epidemia digna de ser atendida como una emergencia nacional”, debido a la cantidad de males sociales que parece causar.

Aunque mi padre estuvo ausente la mayor parte de mi niñez, aprender a conocer a Dios como mi Padre y Madre en la Escuela Dominical de la Ciencia Cristiana me ayudó a sentir que mi padre divino me ayudaría siempre, cualquiera fuera el problema que tuviera.

Siempre me ha encantado la forma en que Jesús se refería a Dios como Padre. En su “Sermón del Monte” dijo a una gran multitud: “...cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto. Y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará... Porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis” (Mateo 6: 6, 8).

Escuchar a alguien hablar de Dios como un Padre fue algo muy revolucionario para ellos. Hasta esos días, la mayor parte de la gente pensaba que Dios era una deidad distante que sólo podía ser aplacada mediante sacrificios. Ante sus ojos, Dios era variable, tenía hijos predilectos, y era a menudo severo e implacable. Pero Jesús cambió todos esos conceptos y les reveló una nueva relación con Dios como nuestro Padre amoroso.

Me gusta cómo la fundadora de la Ciencia Cristiana, Mary Baker Eddy, interpreta las primeras líneas del Padre Nuestro en su libro Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras (pág. 16):

“Padre nuestro que estás en los cielos,
Nuestro Padre-Madre Dios, todo armonioso,
Santificado sea Tu nombre.
Único adorable.
Venga Tu reino.
Tu reino ha venido; Tú estás siempre presente.

Esta oración nos dice que nuestro Padre divino es armonioso. No hay ira, violencia ni impaciencia en esta naturaleza divina. Nada dominante ni sumiso. Tan sólo un padre estable, confiable. Esto quiere decir que no estamos en medio del fuego cruzado de una relación iracunda, sino que somos beneficiarios del amor de un Padre tierno.

Más que mero respeto, tenemos una relación cercana, profunda, mutuamente afectuosa. Somos la niña de los ojos de Dios, y naturalmente Lo/La adoramos. Y si Dios está siempre presente, nunca hay un padre ausente. Él/Ella está siempre disponible, siempre a nuestro alcance, y es capaz de ayudarnos y protegernos en toda situación.

Ginny Luedeman experimentó las bendiciones que este concepto de Dios trae consigo. Durante buena parte de su niñez su padre fue alcohólico y abusivo. Cuando él abandonó la familia, Ginny se sintió aliviada de que los abusos terminaran, pero al mismo tiempo se sintió abandonada.

Luego, cuando tenía 19 años, comenzó a leer Ciencia y Salud, y la línea “Nuestro Padre-Madre Dios, todo armonioso” tuvo un significado especial para ella. Comenzó a ver a Dios como un Padre amoroso, que nunca lastimaría a Su hija.

Al progresar espiritualmente con el correr de los años, se dio cuenta de que ya no tenía por qué verse como víctima de un pasado desgraciado. Este concepto la sanó por completo.

“Tan pronto como dejé de pensar que podía ser otra cosa que la hija espiritual amada por el único Padre-Dios, mi dolor [y depresión] desaparecieron”, escribió en un relato publicado, “...el comportamiento abusivo de mi padre jamás había tocado mi ser verdadero. Ni tampoco el de él... El amor puro de un padre estaba amándome con todo el amor que podía esperar”.

Luego sucedió algo sorprendente. Aunque Ginny y su padre no habían estado en contacto desde hacía muchos años, un día él la llamó. Dijo que había estado durmiendo, ebrio, junto a un río. Cuando se despertó, sintió que no deseaba volver a beber, y desde entonces no lo había hecho. Reconoció que sólo Dios podría haber producido un cambio tan completo.

Cualquiera sea la familia que hayas tenido, tienes el derecho a conocer a Dios como Padre y Madre, un padre divino que te ama tiernamente, y en el cual puedes confiar para que te cuide y gobierne armoniosamente. Y esas divinas cualidades Paternales son algo para agradecer.

Valerie Minard escribe acerca de la conexión entre la consciencia, la espiritualidad y la salud como Comité de la Ciencia Cristiana en Nueva Jersey.

Artículo publicado originalmente en MyCentralJersery.com, @MyCentralJersery

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Comentario

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Comentario de Comité de Publicación Mx Hace 20 horas

Esperamos que te haya gustado el artículo. Saludos Letizia! 

Comentario de Letizia Hace 22 horas

Mmmmm......... en realidad no, pues nunca lo sentí cerca, aunque siempre me hizo falta su presencia, me acostumbré a vivir con un padre ausente.

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