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Porque No Sabemos Dejar Llorar a Las Personas?

Siempre me llama mucho la atención que las personas somos pésimas para dejar llorar a otros. Sí somos, ya de por sí, malos para escuchar lo que los demás nos dicen, para dejar llorar  somos otro tanto y más. Esto para mí es algo muy importante porque el llorar se me hace una necesidad emocional muy grande.  En estos días que todos estamos sin tiempo, con estrés y siempre con un montón de tareas, muchos necesitan tener un desahogo emocional y a menudo confían en nosotros para sacar cosas muy tristes o muy duras que les están ocurriendo, por medio de las lágrimas.

El poder llorar es como una catarsis, una válvula por donde queremos dejar salir sentimientos o emociones que nos aquejan severamente o a veces que nos han dolido por tiempo y nunca hemos tenido la oportunidad de expresarlas. El llorar es a veces como querer dejar sentir aquel dolor, aquella vergüenza, aquella herida que hicimos o que nos hicieron, tal vez una cosa que hicimos o que no hicimos y que hoy ya no es posible remediar.

Errores típicos que cometemos cuando alguien llora: Somos tan centrados en nosotros mismos que cuando alguien nos cuenta un sufrimiento y empieza a llorar, creemos que nos están pidiendo solucionarlo. Y entonces en vez de dejar llorar a la persona y permitir que exprese su dolor o tristeza mediante el llanto, empezamos a hablar y darle soluciones. Nos creemos tan infalibles y tan sabios que, nomás así, determinamos que lo que le ahoga de emoción a la persona se solucionará con nuestras “sabias” palabras de consejo o consolación; no hay nada más alejado de la realidad.  Nuestro entendimiento sobre el cómo y por qué la persona se siente como se siente es tan poco, que lo único que saldrá de nuestra boca son, por demás, necedades.

Otro error es tratar de evitarle a la persona que llora el que le vean llorar, aunque el único que le esté viendo seamos nosotros mismos. Creemos erróneamente que es vergonzoso sentir tanto delante de otro que nos lleve a las lágrimas y deseamos evitarle “la pena”. La clásica es acercarnos a  sobarle el brazo a la altura casi del hombro, rápidamente como si quisiéramos rascarle, pero sin utilizar las uñas. O abrazarle para que oculte su cara de llanto y sobarle el cabello. Nosotros somos los que nos sentimos ansiosos por el que dirán, la otra persona lo que necesita es dejar salir el dolor; recuerde no se trata esta vez de usted, deje sentir a la otra persona lo que siente.

Mirando una película en un cine sobre el abuso de los humanos hacia los animales, llorábamos todos durante la película. Cerca a mí había un padre con su hija adulta.  El  señor en un momento no pudo más con su tristeza y se abrazo a su hija para llorar más. La muchacha, en vez de acogerlo y permitirselo, se puso a darle palmadas en la espalda como si le quisiera matar un puño de hormigas. Ella probablemente estaba más preocupada por que su padre no hiciera una escena que por los sentimientos que él ya no podía contener.

Si vemos que alguien nos está contando algo y se encamina a llorar, debemos callar, no movernos, sólo mirarle a la cara. Tratar de no hacer nada que le distraiga de ese camino hacia dar rienda al llanto. Si es necesario, animarle; pero  de  la forma más neutra posible. Es mejor sólo mirar a los ojos a la persona a hacer cualquier movimiento. Es preferible sólo mover la cabeza asintiendo sutilmente a abrir nuestra boca. Es mejor nomás decir un “mmm” o un “oh” a decir una palabra. Si es necesario, es mejor decir una palabra o frase cortita  como “sí” o “qué fuerte!”; pero tratar de no decir: “yo sé lo que se siente.” El punto es no sacar a la otra persona o distraerle del estado de dolor o de tristeza en que se encuentra.  

Nunca, nunca decir frases absurdas como: “Llora, yo aquí estoy;” “Ya verás que al rato se te olvida.” “Todo lo está viendo el de arriba.” “El/ella no se merece que tú llores.” O cosas por el estilo. Tampoco se mueva para buscar los kleenex ni pasarle una servilleta, ni aunque los pañuelitos estén frente a los dos; es mejor que la persona utilice el dorso de la mano para limpiarse la nariz o las lágrimas con las mangas o los dedos; a que se limpie con un kleenex pero le robe usted la oportunidad de expresar lo que siente. Sí están en un café o tomando agua o comiendo, no trivialice el dolor de la otra persona llevándose usted algo a la boca de tomar o comer. Haga sentir su atención cien por ciento a la persona.

Si la persona que está llorando se abraza a usted, es porque se está refugiando para poder dejar sentir lo que le aqueja, trate de ser un cobijo para ese dolor, abrazándole. No le distraiga con palmaditas que demuestran la ansiedad que usted siente por no saber qué hacer por la persona (de hecho SI lo está haciendo: siendo un refugio. Recuerde nadie le está pidiendo consejo: no hable, ni distraiga a la persona). Deje que el abrazo continúe hasta que la persona quiera terminar de llorar, preferentemente sin demostrar ninguna prisa o incómodidad.

Si el llorar ocurre  mientras están al teléfono, no piense que está situación especial le requiere a usted de sus palabras. Igual que en persona: no diga nada. Deje pasar los minutos y con sonidos casi sordos de cuando en cuando deje salir un “mmm” o un chasquido ahogado de sus labios para hacerle ver al otro/a que la línea no se ha cortado y usted sigue oyéndole con toda la atención.

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Comentario

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Comentario de MARIA DEL ROCIO TREJO GOMEZ el agosto 24, 2015 a las 1:58pm

gracias por compartir.

Comentario de Elva Rosalba Zamora Lopez el agosto 18, 2015 a las 3:49pm

Buen Día , Antonio 

Gracias por compartir estas palabras tan llenas de verdad .

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