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Era un sábado caluroso. No había nada que hacer, pensó María. Estaba decidida a pasar un día de descanso total, aferrándose a un libro y al  ipod de música clásica que tenía preparado.  Tomó su libro y el aparato de música. Se desvió ligeramente por la cocina y recordó el helado que se había comprado ya hace unas semanas. Pensó que quizás el helado de medio litro que tenía de  la nevera podría acompañar su estado de felicidad plena.

Logró llegar al sillón con el libro, el ipod y el helado de medio litro en mano. Empezó a saborear la vainilla derretirse en su boca. Ese bocado, lo degustó con una atención plena. Apresurada comió varias cucharadas más. Qué placer-  se dijo.  Sé recostó en el sillón y empezó a leer un párrafo de la introducción del libro, otra línea y fue interrumpida por la premura de tomar la cuchara para dar un bocado más. – Está delicioso, pero no está bien que coma tanto, qué paso con la dieta María?, - Se preguntó. Era un momento íntimo entre el helado y ella, no había más, ni ipod con música clásica, ni interés por el libro. – Me terminé el medio litro!, se dijo azorada!. Bueno, merezco felicidad en mi vida!- Dijo reconfortada.

Muchos de nosotros confundimos la felicidad con una serie de momentos placenteros y los repetimos deliberadamente para gozar, según nosotros, de más felicidad. Hay una línea muy delgada entre sentir placer y convertir ésta sensación en una adicción o incluso en caer en una forma de vida vacía, donde el saciar los deseos y placeres tiene que hacerse de manera rápida para continuar con el siguiente. Esta forma de actuar hace que las personas se acostumbren con rapidez a lo bueno, por lo que los logros que de ello se desprende ya no tienen validez y buscan algo mejor para superarlo.

María se disponía a leer y a escuchar música, pero su mente la distrajo y recordó el helado que semanas antes había comprado. Ella pensó que el helado podría traer más felicidad a su vida.  La felicidad momentánea puede aumentarse fácilmente mediante distintos medios, como comer chocolate, ver una película cómica, un masaje en la espalda, comprarse unos zapatos nuevos, o el helado de vainilla de María. El reto de la vida consiste en aumentar el nivel de felicidad duradera. El hecho de incrementar el número de placeres momentáneos, no lo conseguirá.

Esta explicación cobra mucho sentido cuando vemos a personajes públicos en revistas con su colección de Ferrari, de relojes increíbles, de zapatos de diseñador, de mansiones en todas partes del mundo. Estas personas  no son personas más felices que nosotros, sólo viven una vida placentera, alimentando sensaciones efímeras.

Los placeres tienen emociones de éxtasis, de euforia. Tienen también un componente sensorial que hace que sintamos “rico”, y también tienen una característica, que implican muy poco  pensamiento.  Los placeres se desvanecen con facilidad y estos momentos  los solemos confundir con felicidad. ¿Te suena conocido ir por un chocolate cuando te sientes triste?. Se debe a que queremos una dosis de emoción y sensación placentera inmediata, sin embargo no nos hace más felices.

El placer nos hace ser “consumidores” de productos y también de situaciones y personas. No es que sentir placer sea algo negativo, no. Sentir placer es una sensación que nos conduce a emociones muy efímeras, como el éxtasis o él  orgasmo y solemos confundirlas con la felicidad. Es ahí cuando corremos el riesgo de ir buscando éstas gratificaciones a cada momento y brincar de un placer a otro.

Tendremos mayor goce cuando estas experiencias de disfrute las logremos mesurar y “saborear” al máximo. Me refiero a “saborear la experiencia”  a agudizar la percepción y sensación. Si  María hubiera comido su helado sin prisa, quizás en la 4ta cucharada ya no habría tenido las ganas desmesuradas de terminarse el bote.  Saborear la experiencia es literalmente disfrutar cada momento, es tomar una fotografía mental de la experiencia. Es sentir el azúcar en mi lengua, sentir el frío en mis dientes,  oler el helado, sentir la textura.

Estos momentos placenteros, que no es lo mismo que felicidad, pueden darnos gratificaciones a lo largo del día. El placer saboreado es una oportunidad de regalarnos momentos de disfrute en diversas áreas de nuestra vida. Es la  cereza que colocamos al pastel, pero no es el pastel. La verdadera felicidad va más allá de momentos efímeros y consumir experiencias, es una permanencia  y es invertir fortalezas, es más equiparable a lo que llamamos una buena vida.

En el próximo post te platicaré de la Felicidad que dura más: la Auténtica Felicidad!!

 

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Comentario

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Comentario de veronica reyes sanchez el marzo 3, 2013 a las 9:26am

Excelente, es un gran articulo sería mas placentero aprender  disfrutar mas la felicidad, gracias por enseñarnos.

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