Retos Femeninos

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 ¿Cómo sería ser la mejor persona que puedo ser? ¿Hay algún modelo a seguir, a quién imitar? Seguro sí, pero no sería yo.  Estaría renunciando a mí para ser como el otro.  ¿Debería cambiar para ser como el otro?  

La mayoría de las veces sucede así.  Nos imponemos ser como el otro quiere que seamos para ser aceptados y por otro lado, deseo fervientemente que me “vean” por el gran esfuerzo que hago de cambiar lo que no les gusta a los demás.  ¿Me sigues?   ¡Todo un desafío convertirse en alguien que no soy!  Es decir, tengo que buscar en ese yo, quién es el que debe ser el correcto, ese “yo idealizado” que nos inculcaron cuando éramos pequeños,  ese yo eficaz, ese yo sociable, decente, amoroso, servicial, y por supuesto exitoso.

Todos sabemos muy bien <cómo deberíamos ser>. Lo hemos aprendido  firmemente en la escuela de la vida. Lo escuchamos una y otra vez en las palabras poco apremiantes y los fastidiosos regaños de nuestra madre cuando éramos pequeños, "deberías compartir tu lunch, no deberías ser tan berrinchuda, deberías ser más cordial...." y también fuimos sentenciados de la severidad de nuestro padre en la adolescencia, sumando a ello, la mirada criticona e inaceptable de la maestra "deberías de sacarte excelente en tus notas, o eres un flojo e irresponsable". Otras veces nos doraban la píldora con elogios de los amigos en cuanto acertábamos hacer aquello que todos querían que hiciéramos y nos ponían una estrellita de chic@ bueno, y de esa manera podíamos seguir perteneciendo al clan.

Para mí ha resultado muy cansado ser aquello que otros esperan de mí. Muchas veces me he revelado, pero en la mayoría de las veces he tenido que lidiar con “los debería”: debería ser menos enojona,  menos obsesiva,  menos quisquillosa; debería hablar menos,  debería quedarme quieta, debería ser menos intensa, no debería de preocuparme tanto la injusticia, debería ser menos temeraria y arriesgarme menos, etc…  Por supuesto que todo eso soy, pero sé también que cada día no soy como debería ser en contraste con que cada día acepto más del quien soy, a veces más  cerca o más lejos de lo que debería ser, pero siempre  siendo lo que soy.

Hoy sé que me siento orgullosa de ser así, tal cual.  Soy yo para bien o para mal de quien me quiera aceptar o amar.  No soy lo que hubieran querido algunos, lo que esperaban  la mayoría, y lo que hubieran aplaudido otros. No soy por mucho lo que fui hace 10 años ni lo que seré en los próximos cinco. Estoy SIENDO, moviéndome continuamente. Soy Real. No el- ideal- que yo misma me impongo todos los días en esa ardua exigencia, que lo único que me provoca  es una  continua frustración de culparme por no ser como los demás quieren  que sea.

Estoy llena de defectos, de carencias, de limitaciones, de dudas, de contradicciones, de excesos que se hacen evidentes ante el yo ideal y me conectan con las tan conocidas conversaciones interiores de reclamos hacia mí misma: “-¿No acaso soy el mejor yo que puedo ser cuando cumplo con mi ideal de ser? ¿Debería esforzarme un poco más  para llegar a ser como  aquella que triunfa en la TV?   -Pero si yo creo poder, soy capaz de hacer todo lo que potencialmente puedo. ¡Agotador estar queriendo alcanzar metas idealizadas que quizá no correspondan a mi realidad!

 Y así vivimos cotidianamente, entre esas voces sonoras, ese diálogo interno de reproches que puede durar de por vida, resultando  absurdo, porque lo único que estoy haciendo es comparar lo <real de mí con ese ideal de lo que quiero ser>. Así sólo me defraudo y me quedo insatisfecha de quien realmente soy. Me castigo solita al imponerme, exigirme y seguir pidiendo más esfuerzo para transformarme en aquello que debería ser y no soy.

El esfuerzo es en balde, un absoluto fracaso porque nadie puede dejar de ser quien es y mucho menos ser auténticamente quien uno no es. Rebuscado ¿verdad? Parece trabalenguas.  Sin embargo, en nuestro  sistema cultural es ampliamente defendida esta postura:   sólo si te esfuerzas demasiado podrás conseguir  logros. Nos han impuesto parecernos a modelos prefijados por la sociedad de cómo es estar bien y de cómo es estar mal y nos han vendido que la única manera de avanzar es por medio del auto-reproche y la frustración de poder ser otro más, es decir más de lo que uno es.

 ¿QUÉ OCASIONA ESTO?

Insatisfacción constante: Reclamos y quejas con uno mismo,  depresión, angustia de no poder dar el ancho.  A todo esto se  le denomina  Baja Autoestima, es decir, “un esfuerzo neurótico de tratar de parecerme al que, según me dijeron, debía ser yo si pretendía ser querido y aceptado”.  Y no solamente eso causa lo anterior, sino que aún hay más, como el deterioro de la imagen que yo tengo de mí misma porque la distancia entre mi ideal yo y el yo real es abismal. Por consiguiente aumenta la exigencia, el menosprecio y se hace el círculo vicioso.  Así pues, entramos  a un laberinto o a un callejón sin salida.

¡La buena noticia!

Dejar de construir castillos en el aire y  dejar de venerar al yo ideal, a ese yo imaginario con el que siempre me comparo y empezar por aceptar todo lo que hay en mí, dejando atrás el esfuerzo agobiante de tratar de ser diferente de mí.   Toda esa frustración se convertirá en aceptación. ¿En qué soy buena? ¿Qué es eso tan especial que nadie tiene más que yo? ¿Cómo me diferencio?

No quiero que esto se malentienda con un conformismo, un “así soy y me aguantan”… no es desde este planteamiento, sino desde la aceptación de saberme orgullosa de ser lo que he estado siendo; es esa confianza de saber que puedo lograr lo que quiero desde mis fortalezas y mis cualidades,  y de contar con que puedo seguir en ese aprendizaje de mis  experiencias y de mis errores para conocerme mejor.   

La paradoja es precisamente que al dejar de querer ser mejor, empiezo a ser mejor y mejor sin pretenderlo y llego más lejos sin tanto esfuerzo.  Pongo mi corazón al servicio de crecer, de amarme más y aprender cada día de lo que vivo. El último sentido soy yo misma, ese ser creativo por naturaleza, ese ser espiritual desde el momento de haber sido concebida, ese ser emocional llena de sentimientos y contradicciones.  Mi única referencia soy yo..

Ser mejor cada día es ser hoy mejor que ayer.  El único parámetro soy yo misma: cómo he estado siendo hasta ahora y cómo he sido capaz de ser sin ninguna pretensión que no sea ser cada día un yo mismo mejor en todas mis áreas de mi vida. Es lo que hay, no puedo ser de otra manera. Si nací con piernas largas y ojos cafés, por ejemplo, no puedo cortar el tallo de mi cuerpo para verme menos alta ni tampoco estar todos los dìas usando  lentes de contacto color azul turqueza para verme mejor. Aceptar-Me es la consigna para amarme tal cual soy.

No soñemos con ser como alguien más, eso se llama mediocridad… pregúntate mejor: ¿cómo puedes ser un excelente tú mismo?

  

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