LO MEJOR DEL OTRO

En administración se habla de una estrategia llamada Benchmarking, propuesta por Xerox, en 1970, que consiste en una evaluación comparativa del negocio, ya sea entre áreas diferentes de éste mismo, o entre la organización y su competencia. Es interesante porque se realiza un acuerdo a través del cual se abren las puertas de la empresa competidora para mostrar sus procesos, productos y sistemas de trabajo, evitando así el espionaje industrial.

Se podría pensar que esto es como compartir los grandes secretos con el enemigo, pero, en realidad, hay argumentos para su realización. Quien busca el benchmarking tiene la oportunidad de ver un concepto de trabajo desde una perspectiva diferente, amplía el conocimiento de sí mismo, como negocio; identifica lo que debe mejorar, plantea nuevas alternativas para dirigir sus procesos, elimina desperdicios, redefine sus objetivos, entre otros beneficios.

Quien permite que le hagan benchmarking también tiene la oportunidad de conocer el estilo de su oponente. Hay un intercambio de información que beneficia a las dos partes, pero también se fortalece la idea de que, no importa qué es lo que se intente reproducir con exactitud, porque nunca se logrará. El benchmarking inspira, pero no produce réplicas.

Un benchmarking no se hace necesariamente a una empresa del mismo giro; puede ser genérico, es decir, que busque explorar en áreas o procesos específicos de la organización receptora.

Imagínate que tuviéramos ese nivel de apertura en lo individual. Personas compartiendo con otras sus mejores herramientas, sus experiencias. Individuos exitosos que permitan que otros los observen, los entrevisten, los analicen…para que esos otros aprendan más de sí mismos, mejoren como personas, como profesionistas, como padres, y con ello se conformen redes de apoyo para tener una sociedad más preparada.

Sé que es difícil porque la inseguridad hace que se guarden celosamente las mejores prácticas para que nadie pueda “copiarlas”. No se dan cuenta de que, ni con el mejor de los sistemas de copiado, las cosas saldrían igual. Cada persona tiene su estilo, talentos, conocimientos, habilidades y experiencias que se suman a lo recién aprendido y se mejora lo propio, pero no se logra una réplica. Así que no hay nada que temer, busca a tu modelo de persona y sigue estos pasos para hacerle un benchmarking:

  1. ¿Qué te gustaría observar en esa persona? Define puntos específicos para no perderte en la subjetividad, y, por supuesto, obtén su anuencia.
  2. Prepara tus herramientas: entrevistas, guías de observación, diario de campo…todo lo que te permita registrar lo más significativo.
  3. Analiza los datos obtenidos: ¿qué, de lo que más te llamó la atención, también tú lo tienes y no lo habías identificado?, ¿qué, de lo que has descubierto, apoyaría el logro de tus objetivos si lo pusieras en práctica?, ¿qué aspectos observados son parte del encanto de esa persona, pero en ti lucirían falsos?, ¿cómo le darías tu toque personal a la incorporación de la información recabada?
  4. Pon “manos a la obra”. ¿Cómo vas a iniciar las mejoras en tu trabajo, tu casa, tus relaciones, tus proyectos, tu vida personal, etc.? ¿Cuáles son cambios radicales y cuáles son pequeños detalles?
  5. Aplica los cambios y realiza un trabajo de reflexión periódicamente para reconocer tus avances y festejar por ello.

No sólo descubrirás lo mejor del otro, sino también de ti mismo

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