Retos Femeninos

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Como un auto casi sin gasolina: ese era el estado permanente de Lucía.

 

Vivía, desde hacía muchos años, cada día como si se encontrara al borde de sus energías y siempre, como por obra de la magia, sacaba más fuerza de quién sabe dónde porque afuera las exigencias normalmente la superaban: su marido siempre quería atención, sus hermanos necesitaban siempre favores, sus hijos reclamaban más su presencia…

 

Los vecinos le encargaban todas las tareas administrativas del edificio y sus amigas la nombraban la organizadora de todos los proyectos en común: bazares de navidad, idas al supermercado, cuidar a los niños de todas, etcétera. Para su jefe, Lucía era siempre quien podía cubrir horas extra y  para sus papás no había nadie más que Lucy cuando tenían cualquier apuro como llevar un plomero o pintar un muro.

 

Lucía soñaba despierta con que se iba de vacaciones a un lugar hermoso, solitario y muy cómodo, donde podía dedicarse a lo que más anhelaba: hacer nada. Sin embargo, siempre la regresaba de sus ensoñaciones el sonido del celular, del timbre de su casa o la voz de alguno de sus hijos gritando: “Mamáaaaaaa, llévame a la papeleriiiiíaaaa porque se me olvidó la tareaaaaa”.

 

Demacrada, fuera de forma, con la espalda agachada como si cargara un gran peso, Lucía iba pasando los días como iba pudiendo, descansando poco, comiendo mal, descuidándose… con el depósito de energía a punto de terminarse.

 

Y como le sucede a cualquier auto que corre mucho tiempo con la reserva, muy pronto comenzó a tener problemas en su funcionamiento. Digamos que su motor comenzó a fallar. Primero, Lucía sufrió de algunos resfriados fuertes, que, por estar mal cuidados, se convirtieron en cuadros respiratorios más agudos. El médico le dijo que era indispensable que descansara unos días.

 

Ah, pero ese era un lujo que Lucía no podía darse. Quién se iba a hacer cargo de todas las cosas que ella tenía obligación de hacer? Ella sentía que era indispensable, que su mundo se detendría o sufriría una hecatombe si dejaba de prestar el servicio que cotidianamente daba, aunque en ello se le fueran la salud y el bienestar, así que nada de cama. Medicinas, aspirinas y… a darle!

 

Sin embargo, una fea sensación iba creciendo cada día en el pecho de Lucía. Por más que ella tratara de ser útil para todos, los demás parecían dar por sentado que así era y jamás expresaron ni media palabra de agradecimiento.

 

El esposo de Lucía se ponía las camisas planchadas y almidonadas con tanto esmero y hasta parecía que se empeñaba en devolverlas por la noche todas mugrosas, sudadas y chorreadas de vaya a saber qué cosas muy difíciles de quitar. Los hijos de Lucía no se cuestionaban: su mamá era el chofer que los llevaba a donde ellos querían, que les arreglaba el cuarto que ellos solían dejar hecho un asco y que les preparaba de comer cosas que ellos, caprichosamente, desdeñaban si no les gustaban. Y no te digo más: todos los seres alrededor de nuestra amiga Lucía la trataban como una esclava y no letenían la menor consideración.

 

Esta vez, el cuento lo escribiremos entre tú y yo. Dime por qué crees que a Lucía le pasaba eso y cómo te imaginas que termina la cosa: se resuelve para bien, para mal o todo se queda igual? Cómo ayudarías a Lucía? Conoces a alguien así? Te suena familiar esta historia?

 

Tengo muchas ganas de leer los finales que propongas, así que no me dejes con la curiosidad!

 

Bendiciones!!!

 

@AuroraDelVillar

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Comentario

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Comentario de Aurora del Villar el diciembre 4, 2012 a las 8:46pm

Gracias, Ma. Eugenia y Graciela. Saludos y Bendiciones!!!

Comentario de graciela el diciembre 4, 2012 a las 3:22pm

Es dificil poderle trasmitir tus ideas a otras personas y mayor a un a tu madre, yo paso lo mismo pero influye mucho el tiempo en el que ellas se desenvolvieron y fueron educadas estamos viviendo tiempos buenos y malos segun la prespectiva pero lo que si te puedo decir es que ames mucho a tu mamá sea como sea orientala habla mucho con ella, no la iras a cambiar pero creeme poco a poco ella abrila un poco mas su mente y su espacio para darse cuenta que lo unico que quieres es ayudarla a pensar de diferente manera y a quererse primordialmente ella misma saludos

Comentario de Ma. Eugenia Perales Herrera el diciembre 4, 2012 a las 10:50am

Hasta ese día Lucía no podía ver un final feliz, pero al poco tiempo vió realizados a sus hijos y pudo descansar, viendolos prósperos y bien casados, gozando de una linda familia, llena de nietecitos juguetones saltando por toda la casa. Con su esposo pudo hablar tranquilamente con todo el amor que le caracteriza haciendole ver que todo lo que ella le dá es por amor y no por compromiso, por tal motivo no se hace dificil compartir todo lo que ella es. Los dos unidos en amor y comprensión, supieron valorar el significado de la familia. Y vivieron felices por siempre y para siempre... con la bendición de DIOS

Comentario de Aurora del Villar el diciembre 2, 2012 a las 8:08pm

Buen final, Eloísa! Gracias y bendiciones!!!

Comentario de Eloisa Contreras Villafranca el diciembre 1, 2012 a las 8:11pm

Lucia enferma y ya no complace a los demas y ahi es cuando se dan cuenta de todo lo que hacia por ellos y empiezan a valorarla sobretodo su esposo y los hijos cuando Lucia sana y sale de su enfermedad en marido le regala un viaje el cual compartiran .................

Comentario de Alicia Gonzalez el noviembre 30, 2012 a las 4:52pm

Gracias a ti por hacernos reflexionar, espero tengas un bonito fin de semana tu tambien. Saludos a todas. ;-)

Comentario de Aurora del Villar el noviembre 30, 2012 a las 2:48pm

Alicia, Lorena, Iliana, Bertha... qué agradecida me siento de que se hayan tomado el tiempo de leerme y de darme un final inspirado y bello o de hacer un comentario con su opinión. Bendiciones para todas, chicas, que pasen un fin de semana muy hermoso!!!!

Comentario de Alicia Sención de Díaz el noviembre 30, 2012 a las 11:06am

HERMOSA REFLEXION QUE NOS HACE DESPERTAR A ALGUNAS QUE VIVIMOS SIN SER RECONOCIDAS, DANDO TODO POR LOS DEMAS Y NADA PARA NOSOTRAS MISMAS.   GRACIAS POR TANTOS ARTICULOS BUENISIMOS QUE NOS AYUDAN A CRECER. DIOS LAS BENDIGA.

Comentario de Lorena el noviembre 30, 2012 a las 9:58am

Un día Lucía se encuentra con un pequeño con ropas sucias, carita triste y panzita transparente por la falta de comida. Lucía sin pensarlo lo lleva a su casa y lo atiende como lo hace con los suyos. Le regaló un cambio de ropa nuevo, limpio y hermoso. Lo bañó con una dulzura en su atención que el niño no hacía más que sonreir.  Lo llevó al comedor, le preguntó que quería de comer; el niño no tenía palabras de lo emocionado que estaba su corazón al pensar que comería. Lucía al ver que el niño no pronunciaba palabra, le preparó un suculento platillo, sin dejar a un lado los detalles infantiles al presentarselo a la mesa. El niño comió con una rapidéz aquél platillo que a Lucía le causó ternura.

 

Por fin el niño le pronunció palabras y le dijo: "qué limpio que está todo, que bien huele tu casa, tú haces todo eso? qué bonita eres, tu cabello, tus ojos, tú no eres de aquí verdad? y la comida que me preparaste estaba deliciosa? yo quiero enseñarme a hacer todo como lo haces tú.

Se le nubló la vista a Lucía con lágrimas, pero eran lágrimas de felicidad, de amor. Dió gracias a Dios por darle la oportunidad de volver a sentir gozo en realizar aquellas cosas que con el tiempo se volvieron rutina.

 

invitó al niño a salir al jardín y le enseñaba sus plantas y las flores que crecían en él, le explicaba qué tenía que hacerles para que estuvieran así de frondosos, ahí se dió cuenta que su pasión por la flores le generaba una exitación difícil de describir. 

 

A partir de ese día, Lucía empezó a dedicarle más tiempo a la jardinería y la sonrisa en su cara apareció día a día.

 

Cuando su familia vió lo que Lucía había cambiado, lo amorosa que se había vuelto con las flores del jardín, con ellos mismos al sonreírles cada vez que le pedían algo, empezaron a hacer lo mismo a sonreirle cada vez que ella les hablaba. Eso hizo que su familia se volvieran agradecidos y considerados con su madre. 

Lucía daba lo que ella necesitaba "atención".  Pero llegó un momento en el que ella misma la brindaba por brindarla callendo en la rutina. Cuando recuperó el gozo por hacer las labores que le gustaba hacer todo cambió.

Comentario de liliana el noviembre 30, 2012 a las 9:37am

Hasta que llega el dia que esa misma enfermedad la hace sentir que algo esta mal y siente que es el momento de gritar es momento de que la escuchen por que ya es por de mas si su mismo cuerpo empieza a gritar lo que ella tanto tiempo ha callado y sabe que tiene que hablar ante todos y decirles que no es una maquina y que necesita el apoyo de todos que ya son autosuficientes y que puedes hacer las cosas por si solos ya que por el amor que les tiene les ha hecho un daño quitandoles responsabilidades que cada quien debe de tener
que no es la mujer maravilla que necesita un espacio un tiempo que esta cansada y pareciera que al ver sus lagrimas sus hijos y su esposo entendieran por lo que esta pasando y de igual manera por el cariño que le tienen saben que es el momento de devolverle los tantos y tantos sacrificios que ella a dado por todos y creo que nunca seria tarde para hablar de algo que ya no puede seguir haci por que hay un dia que hay que tener el valor y el coraje de quererse a uno misma

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