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SILVIA PULIDO ALVAREZ, Uruapan, Mich., 1960.- De su natal Uruapan, emigró a Tijuana, B.C., donde vive con su esposo y sus tres hijas –Ambar, una de ellas, también participante en nuestros talleres--. Silvia tiene un diplomado en Desarrollo Humano, es instructora de cursos de superación personal y desplaza con entusiasmo su voz y conocimientos en programas de radio por internet. A ella correspondió publicar el primer trabajo en AFLORA LA ESCRITORA QUE LLEVAS DENTRO, que tuvo éxito de lectoría y comentarios: ABOGADA DEFENSORA. De su narrativa, ahora leemos:

TODO PASA POR ALGO
Silvia Pulido


María amaneció muy inquieta, últimamente no se había sentido del todo bien, despertaba con malestares estomacales, no tenía apetito y estaba demasiado sensible.

La situación económica de la familia era muy mala, hacía meses que Daniel, su esposo, se había quedado sin trabajo y por más que diariamente saliera a buscar un nuevo empleo, no lograba encontrar nada.

El casa-rentero les acababa de pedir la casa que habitaban debido a que ya se les habían acumulado algunos meses sin poder pagar la renta, pues sus escasos ahorros apenas si les alcanzaban para mal comer y cubrir las necesidades mas elementales de sus dos hijas Daniela y Andrea de 6 y 4 años respectivamente.

Afortunadamente, un buen amigo de Daniel, les ofreció prestado un pequeño departamento para que vivieran un tiempo mientras que las cosas mejoraban. La mudanza la habían realizado un día antes, comenzaron desde muy temprano en la mañana y terminaron ya muy entrada la noche.

El trabajo de acomodar los muebles, limpiar y organizar la casa, se le hacía sumamente pesado, ella siempre fue muy activa y trabajadora, pero ahora solo quería poder descansar y que llegara la noche para dormir.

Cuando María y Daniel ya casi terminaban de acomodar los muebles más pesados, María sintió que la vista se le nublaba y, ante el asombro de su marido, se desmayó. Daniel no pudo hacer nada para evitar que cayera y se diera un fuerte golpe en la cadera. El pobre hombre al tratar de reanimarla, se asustó mucho cuando se dio cuenta de que la ropa interior de María estaba empapada de sangre. Él no sabía qué hacer... Si llamaba a la ambulancia, no tendría dinero para cubrir gasto alguno. Si la dejaba ahí tirada, ella podría desangrarse y morir. Estaba realmente desesperado. De pronto recordó que ese mismo día uno de sus nuevos vecinos se había presentado ante ellos con estas palabras: “Mucho gusto, doctor Aníbal Sánchez, para servirles”. El rostro se le iluminó y de inmediato salió a buscar al vecino Sánchez.

Para su fortuna el médico estaba en casa y al ver la desesperación de Daniel, tomó su maletín y ambos corrieron presurosos al lado de María, quien gracias a Dios ya había vuelto en sí.

Al terminar de revisarla el rostro del doctor Sánchez era de preocupación, se dirigió a la pareja, quienes se mantenían abrazados y lo miraban con ansiedad: “Tengo dos noticias que darles y aunque suene trillado, en este caso si son una buena y una mala”. Y sin hacer la típica pregunta: ¿cuál quieren primero?, continuó: “La buena es que están esperando un hijo y, la mala, es que el bebé corre peligro, pues la señora no se ha cuidado lo suficiente, yo mismo la vi cargando muebles pesados y trabajando duro desde ayer que llegaron a este departamento”.
María y Daniel se habían quedado sin habla, ambas noticias les habían impactado por igual. Tan inesperada era la llegada de un nuevo hijo, como el hecho de encontrarse en riesgo de perderlo. El doctor le recetó algunas vitaminas y recomendó reposo absoluto.

La pareja permaneció abrazada y en silencio durante largo rato, los sentimientos que los embargaban eran encontrados, ambos eran buenos padres y la idea de tener otro hijo los llenaba de alegría, pero por otra parte también eran responsables, y la difícil situación económica por la que atravesaban los llenaba de angustia. Finalmente el cansancio los venció y se quedaron profundamente dormidos.

Al día siguiente, muy temprano, las voces alegres de sus hijas los volvieron a la realidad. Mami, papi, ¿qué vamos a desayunar?, decían las dos niñas mientras los cubrían de besos y abrazos. Daniel presuroso saltó de la cama, María intentó hacer lo mismo, pero Daniel se lo impidió. Abrazó a sus hijas y les dio la noticia de la llegada del nuevo bebé. Las niñas se pusieron felices y prometieron cuidar mucho a su mamá para que tanto ella como el bebé estuvieran muy bien.

Los días transcurrían en medio de esfuerzos por hacer rendir al máximo el poco dinero que Daniel conseguía traer a casa, y entre los naturales malestares físicos de María ocasionados por su estado.

El doctor Aníbal, viendo las penurias económicas por las que la joven pareja pasaba, decidió apoyarlos durante todo el embarazo, habló con ellos y les consiguió una cita en el Hospital General de la ciudad para que a María le hicieran todos los estudios necesarios para estar seguros de que todo iba por buen camino. Le incluyeron por supuesto la prueba del VIH, y la de su tipo de sangre.

Cuando unos días después les entregaron los resultados, María y Daniel no podían creer lo que sus ojos veían: En el resultado del tipo de sangre se leía:
Tipo de sangre: O
Rh: Negativo

Años atrás, cuando se casaron, al realizarles sus exámenes clínicos prematrimoniales, los resultados de María habían sido diferentes. El tipo de sangre efectivamente era: O, pero el Rh era positivo.

Ellos todavía llevaban consigo una tarjetita con su tipo de sangre y su Rh, y con horror recordaron que hacía alrededor de dos años a María le habían practicado una operación de apendicitis, pero no fue una cirugía simple, a María se le reventó el apéndice, y su vida corrió peligro. Los médicos querían estar preparados por si ella llegara a necesitar alguna transfusión de sangre y le preguntaron a Daniel si él sabía el tipo de sangre de sus esposa, a lo cual muy seguro respondió que si, y les mostró la tarjetita de María que así lo acreditaba.

Ahora temblaban sólo de imaginar que efectivamente hubiera sido necesaria esa transfusión, pues estaban consientes de que eso le hubiera costado la vida a María. Esto lo sabían porque habían vivido de cerca un caso similar.

Un primo de Daniel se casó cuando ya su novia estaba embarazada y por descuido o desidia, no se practicaron exámenes prematrimoniales. Al nacer el bebé, todo parecía normal, pero ella quedó nuevamente embarazada, y al igual que con su primer bebé, nunca se realizó estudio alguno. Cuando llegó la hora del alumbramiento la bebé nació con problemas de deficiencia mental, la mujer se vio muy mal y se le tuvo que realizar una transfusión sanguínea, cuando los doctores preguntaron al primo de Daniel si sabía el tipo de sangre de su esposa, ella respondió: “Si doctor, soy O positivo”.- El muchacho no dijo nada, pues se dio cuenta que nunca le habían dado importancia al hecho de saber qué tipo de sangre eran cada uno.

Desafortunadamente tarde se dieron cuenta que el tipo de sangre era: O Rh negativo, y al recibir su organismo un tipo de sangre equivocado, no lo resistió y falleció. Por eso María y Daniel siempre fueron muy cuidadosos en ese aspecto. (Bueno, al menos eso creían hasta ese día en que leían y releían los resultados de los estudios de María).
Rápidamente y confundidos aún, acudieron al doctor Aníbal para que les explicara qué fue lo que pasó. Ellos preguntaban si el Rh de las personas puede cambiar, el doctor les explicaba que de ninguna manera, que seguramente en el laboratorio donde se habían realizado los exámenes prematrimoniales, la persona que escribió los resultados se equivocó, que desafortunadamente esos casos se dan por el descuido de quienes no se concentran en lo que hacen. De todas formas y para mayor seguridad en los resultados actuales, recomendó hacerse unos nuevos análisis en otro laboratorio para confirmar dichos resultados.

Así lo hicieron, y una vez mas el resultado fue: Tipo: O, Rh: Negativo. Ahora la preocupación creció, pues el doctor Sánchez les explicó que después de cada parto se debe aplicar una vacuna a la madre para que en un siguiente embarazo el bebé no corra ningún riesgo y como María y Daniel no sabían nada, pues por supuesto no se había aplicado ninguna vacuna a María y el bebé que esperaba, corría riesgo de venir con complicaciones.
Afortunadamente, todo salió bien y bajo los cuidados profesionales del doctor Sánchez, finalmente María dio a luz a una hermosa niña a la que llamaron Milagros.

Daniel ya tenía un buen trabajo, que inclusive le permitió comprarle el departamento a su amigo, ya que allí junto vivía el doctor Aníbal, a quien le debían tanto.

Ellos entendieron que quizá la etapa de carencias económicas que pasaron, fue para darse cuenta que no es importante si los laboratorios son públicos o privados, lo importante es encontrar gente profesional que ama lo que hace, y que lo hace con sus cinco sentidos y el corazón puestos en ello.

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Comentario

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Comentario de ADRIANA CISNEROS GARZA el enero 6, 2010 a las 3:26pm
Silvia: felicidades por tu texto, me gusta cómo expones una situación delicada y real y cómo se apoyan el uno al otro...el amor no es nada fácil y precisamente consiste en reafirmarlo en situaciones adversas, muy cierto...todo tiene un "por qué"
Me gustó mucho!

Adriana C.G.
Comentario de Aimee Landeros el enero 4, 2010 a las 3:53pm
Muy linda historia.
Muchas felicidades y el mensaje que percibo es el optimimo de la pareja, que apesar de la adversidad aceptaron una nueva responsabilidad como debe ser, con amor y entusiasmo y así, las cosas siempre mejorarán !!!
Un abrazo !!!
Comentario de LILIANA DE LA GARZA CRUZ el enero 4, 2010 a las 11:58am
Que bonita historia, me gusto mucho, tienes mucha razon yo pienso igual, todo pasa por algo, no hay mal que por bien no venga, Dios no se equivoca nunca, el tiene el tiempo para todo.
Comentario de SILVIA PULIDO el enero 4, 2010 a las 11:50am
Marthita hermosa:
Gracias por tomarte el tiempo para comentar mi trabajo. Aprecio mucho tu mensaje y me hace sentir muy bien, Yo tengo pendiente de leer y comentar algunos de los trabajos de nuestras compañeras, pero hoy mismo lo hare.
Gracias nuevamente!
Te mando un fuerte y cariñoso abrazo
Comentario de Martha Schumacher el enero 4, 2010 a las 7:47am
Sylvia,

Te felicito por tu escrito. Es interesante, ameno y de fácil comprensión.

En verdad que muchas cosas pasan por algo o “no hay mal que por bien no venga”… Si no les hubiera ido tan mal a Maria y Daniel, Maria tal vez hubiera muerto...En verdad, ¡hay que cuidarse mucho en esta vida!

Me gusto que tuviera un final feliz y donde como mensaje se vislumbrara la confianza que adquiere quien se la sabe ganar.

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