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Cuando de escuchar se trata, lo hacemos poco y lo necesitamos mucho, pues no solo se trata del respeto y la interacción en nuestras relaciones, sino que va más allá, en la construcción de nuestra identidad y de la manera en la que nos relacionamos con las demás personas.

¿Por qué no se nos enseña el escuchar si tantas cosas nos enseñaron de nacimiento? Y la respuesta es reveladora: se nos enseña a hacer y a dar, mucho más que a estar y recibir; cuando escuchamos nuestra percepción muy subconciente es que no estamos haciendo “algo” y esto inquieta nuestra mente.

Concentrarnos en el proceso de la escucha es un reto, pues de forma psicológica y cultural estamos entrenadas para hablar y ser protagonistas, para ser más activas que pasivas, así que mientras escuchamos estamos pensando qué contestar o estamos juzgando a la persona y lo que nos dice, esto se acentúa. pues hoy la atención compite con las redes sociales, los mensajes de celular y la estimulación de imágenes y ruido a nuestro alrededor.

No estamos escuchando desde el recibir y la reciprocidad, cuando:

  • Nos estresamos.
  • Olvidamos muy pronto lo que la persona dijo.
  • Nos inquietamos y mostramos impaciencia.
  • Tenemos muchos pensamientos mientras escuchamos.
  • Preguntamos poco.
  • Discutimos de inmediato cuando escuchamos algo con lo que no estamos de acuerdo.
  • El silencio nos incomoda.

Escuchar en el fondo es ser atento con el otro, una manera de mostrarle respeto, pero es también la capacidad de recibir, de dar quietud a nuestra mente y de formar ese “nosotros” que somos, cruzar la frontera del yo y dejar de centrar la atención en nosotros mismos. De una forma clara, me ha gusta como lo describe Lenkerdofr (2008):

“Recibir encierra un secreto: es el otro, son los otros cuyas palabras no las hacemos, no son producto de nuestro actuar, sino que vienen de fuera y nos sacan del centro donde nuestro yo prefiere estar para mandar, dirigir.”

También, como señala Torralba (2007), hay escuchas superficiales y las que se ejercen desde la profundidad, “…es buscar la verdad del otro”, para comprender y no precisamente para compartir, sino para generar el diálogo.

Lo cotidiano es no escuchar, estamos tan llenos de nosotros mismos que somos incapaces de oír, y lo hacemos de manera muy superficial. Escuchar no se trata solo de estar callado mientras el otro habla, sino de un trabajo de silencio interior, y de reducir las distracciones y barreras.

En suma, nuestra vida va entre palabras y silencios, y nos permite descubrinos y descubrir al otro que nos habla, con ello abrirnos al mundo, extenso y diverso, de las ideas, en donde cada uno tenemos una opinión que expresar, pero que tendrá mayor resonancia si antes hemos sabido cómo escuchar.

Escuchar desde la reciprocidad es el súper poder que contruye un NOSOTROS, porque es sólo a tarvés de la escucha que sabremos transitar por los caminod de la empatía, la confianza y la alegría.

Algunas referencias útiles sobre el tema

Ortiz, R. (2007). Aprender a Escuchar. Cómo desarrollar la capacidad de escucha activa. USA: Editorial Lulu

Lenkerdorf, C. (2008). Aprender a Escuchar. Enseñanzas maya – tojolabales. México: Plaza y Valdés, pp. 11-56

Torralba, F. (2007). El arte de saber escuchar. España: Milenio.

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