Retos Femeninos

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Juan Antonio López Benedí Ph. D.
juanbenedi@ievalores.com

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Resumen
Este artículo presenta la educación emocional desde los valores humanos a través de un caso. Muestra la posibilidad de ayudar, de forma paliativa, en el tratamiento del cáncer, como ejemplo aplicable a otras enfermedades y/o procesos carenciales humanos. Esta ayuda se basa en la correlación con factores emocionales experimentados como valiosos para la persona en cuestión. Tal proceso es complementario con cualquier otra técnica terapéutica y proceso educativo medio y/o superior. También muestra el peligro de transmitir mensajes que destruyan los progresos logrados con anterioridad, incidiendo en la autoestima, la confianza y el sentido de valor de la persona.
Temas clave
Educación, formación, información, metáforas, condicionamiento, prejuicios, valores humanos, inteligencia emocional, cuidados paliativos.

La educación emocional basada en valores humanos es una forma de aprovechar el lenguaje imaginativo como vínculo natural, metafórico, con las emociones y el sentimiento de reconocimiento de valor. Este lenguaje lo utilizamos, por ejemplo, cuando soñamos. Por su mediación damos salida a nuestras emociones o impulsos internos. Tal representación simbólica se apreció y estudió profusamente en el ámbito del psicoanálisis. A partir de las propuestas de Sigmund Freud se abrieron después muchas otras investigaciones y aplicaciones. En este ámbito, desde las investigaciones que he venido realizando desde la década de 1980, dentro del Doctorado en Hermenéutica realizado en la Universidad Complutense de Madrid, me interesé por mejorar la metodología y optimizar los resultados. De ello hablo de manera más amplia, tanto en relación con la justificación teórica, metodológica y muestras de casos tratados en diferentes países, en mi libro E.M.O.C.I.O.N.E.S.1 Esta propuesta ha probado ser muy efectiva, en conexión con procesos de alteración de la conciencia, que permite actuar en el área media del cerebro. Tales procesos pueden ser consecuencia de actividades lúdicas o inducciones simbolizadas a través de un lenguaje metafórico. Se producen cuando la actividad cerebral se encuentra por debajo del neocórtex. Este área se conoce como “cerebro emocional” o zona límbica. Como ejemplo práctico de observación, citaré a continuación un caso real.
Se trataba de un hombre jubilado, de 67 años. Había comenzado a sentir ciertas molestias a raíz de la jubilación. Finalmente le diagnosticaron un tumor en el hígado. Aquello le asustó y se encontraba desmoralizado. Vino a verme acompañado por su mujer. Su objetivo era encontrar alivio a través de un procedimiento complementario con el tratamiento médico que seguía. Su proceso no era especialmente doloroso. No buscaba ninguna fórmula para reducir el malestar físico. Se apreciaba en él una gran tristeza, asociada a la pérdida de reconocimiento de valor como persona por el cese de su actividad profesional. Sus familiares habían observado la decadencia en su aspecto y en su sentido del humor. Les parecía que hubiera envejecido muchos años de golpe. Llegó a mi consulta por el empeño que había puesto su mujer; así me lo confesó. Él no esperaba nada y veía mi trabajo con escepticismo. Yo le invité a probar. No traté de convencerle de lo bueno que era lo que yo hacía. Respeté su opinión. Tan sólo propuse que no se dejara llevar por las creencias o recomendaciones de nadie. Debía centrarse en su propia experiencia. Al finalizar la primera sesión hablaríamos. Le pareció bien.
Comencé con un procedimiento de observación sensorial. En él se combinaron respiraciones rítmicas profundas con instrucciones sencillas. Fuimos pasando de las sensaciones externas objetivas a las subjetivas externas e internas. Primero le hice concentrarse en las sensaciones de la piel, en las diferentes partes del cuerpo y la ropa. Después le hice ampliar su sensibilidad sintiendo, a través de su ropa, los zapatos, el suelo, el sillón y el aire. Seguidamente le induje a sentir las paredes y el techo a través del aire. Pasamos seguidamente a su interior. Sintió los pulmones, la sangre, el corazón, el esófago, el estómago, el intestino y el hígado, habilitando una representación imaginativa libre. Una vez abierta de forma operativa esta vía de acceso, le propuse que observara sus órganos por dentro. Al llegar al hígado describió tres “bolitas”, que se correspondían con los tumores. En ningún momento le dije que tuviera que ver nada allí. Pero él pareció entusiasmarse porque las veía “con toda claridad”. El siguiente paso fue rastrear aquellas “bolitas” en su evolución temporal. Le propuse observar asociaciones en relación con sus vivencias y recuerdos. Estos iban apareciendo en forma regresiva hasta que tales “bolitas” desaparecieran. Rastreando tal pista fueron surgiendo imágenes y sentimientos de inutilidad y pérdida del sentido de la vida. Me pareció suficiente aquella información. Llamó mi atención que el proceso se hubiera manifestado después de jubilarse. Por este motivo le sugerí indagar en aquellos sueños, metas o impulsos que le atrajeran. Buscamos asociaciones de temas que le parecieran atractivos en este momento. También buscamos objetivos o deseos insatisfechos de cualquier otro momento de su vida. Y apareció un fuerte impulso por ayudar a los demás. Siempre quiso aliviar el dolor y el malestar ajeno, aunque nunca se sintió especialmente dotado para ello. Tampoco había estudiado nada que le permitiera prepararse en ese sentido. Habló de sus limitaciones por diferentes causas, temores y prejuicios. Pero manifestó también que le gustaría hacerlo ahora. Veía que la jubilación le permitía tener tiempo para prepararse. Era su oportunidad para sentirse optimista y motivado. Le induje a verse formándose en este sentido y se vio ayudando a otros a través de la imposición de manos, como se refiere en muchas prácticas registradas a lo largo de la historia y muchas personas declaran poder hacer en la actualidad. Aprovechando tal visión, le sugerí sentir la energía en sus manos como una luz con un color, que apareció libremente en su representación imaginativa. Seguidamente le sugerí que imaginara si era capaz de aliviar su propio malestar y le pareció viable. Eso le hizo sonreír y declarar que se notaba mejor al aplicarse la luz a sí mismo. A la vez, focalicé sus sensaciones metafóricas para que notara la energía fluyendo por todo su cuerpo. Esta „energía“ se presentó con la imagen de un color blanco azulado, así como la sensación de una vibración intensa y agradable. En ese proceso de visualización sentía entusiasmo y notaba que las “bolitas” del hígado se diluían. Él mismo se admiró al observar que ese „flujo energético“ parecía absorberlas.
Al terminar la sesión le propuse que mantuviera aquella imagen de los tumores disolviéndose en la energía blanca azulada. Le sugerí, además, que probara con curiosidad aplicando luz imaginaria y esa sensación vibratoria de sus manos para aliviar el malestar de otras personas. Por supuesto, también debería hacerlo con el suyo. Le propuse que se dejara llevar, aunque no tuviera conocimientos sobre la materia. Después podría formarse, si lo deseaba. Pero lo importante era “jugar” a sentir y compartir ese flujo de energía sanadora cada día. Y así lo hizo. Durante un año, paralelamente al tratamiento médico que seguía para su enfermedad, mejoró su calidad de vida a través de la imposición de manos. Las personas a las que trataba de ayudar le manifestaban su gratitud. Realmente se sentían mejor tras su intervención. Y aquello le motivó mucho; le permitió recuperar la autoestima, la sensación de valor en su vida. Después asistió a varios cursos para aprender a utilizar la energía de sus manos. En uno de ellos, un profesor le dijo que él no podía hacer lo que hacía. Le hizo verse como un enfermo y que dañaría más su propia salud. Aunque tal opinión fuera contraria a los hechos, la creyó. Le pareció “lógica”. Desde ese momento se convirtió en una sugestión, recibida por parte de una persona que él consideraba experta en el tema. Olvidó lo que experimentó conmigo. Aquello le hizo retroceder en su proceso, perdiendo de nuevo su autoestima y confianza.
Aquí apreciamos la fuerza y el riesgo de la sugestión. La educación emocional centrada en valores es un medio muy eficaz para activarla. Debidamente enfocada ayuda a mejorar la actitud psicológica en procesos de somatización o alteración orgánica tan complejos como puede ser el cáncer, de manera complementaria o paliativa con un tratamiento biomédico. Pero también pueden utilizarse códigos emocionales, de manera ignorante e involuntaria, para producir efectos contrarios. Estos serán consecuencia de las creencias limitantes. Resulta fundamental aprender a estructurar de forma no impositiva tales códigos y dirigirlos de manera constructiva. Al hacerlo así se logra una herramienta muy eficaz de apoyo y complemento con otros tratamientos. Estos tratamientos físicos, de la medicina tradicional, alopática, o de cualquiera de las llamadas medicinas alternativas, naturales, se verán siempre potenciados por este método adecuadamente aplicado. Pero cuando no se tiene en cuenta su correcta aplicación también puede entorpecer los procesos, como se ha comprobado tradicionalmente en las sugestiones funestas o pesimistas.
Antecedentes
John Nathaniel Rosen, psiquiatra estadounidense, publicó sus experiencias con técnicas que él denominó “psicoanálisis directo” aplicadas para la recuperación de la psicosis sin el uso de medicamentos, con resultados muy exitosos, en diferentes libros. Partiendo de estas propuestas, combinadas con mis propios trabajos e investigaciones relacionados con la hermenéutica de los sueños, así como de otros símbolos y desarrollos legendarios del imaginario colectivo, los procesos e investigaciones relativos a la hipnosis y la alteración de la conciencia, con pautas exclusivamente comunicativas, más las investigaciones llevadas a cabo por Paul Ekman, profesor de psicología de la Universidad de California, fui asentando la metodología operativa a la que se refiere el presente texto.

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Bibliografía
EKMAN, P. (1991): Cómo detectar mentiras: una guía para utilizar en el trabajo, la política y la pareja. Barcelona. Paidós.
EKMAN, P. (2004): ¿Qué dice ese gesto? Barcelona. Integral.
LAKOFF, G. y JOHNSON, M (2017 ). Metáforas de la vida cotidiana. Madrid. Cátedra.
LOPEZ BENEDI, J.A. (1991): Cómo interpretar los sueños. Barcelona. Obelisco.
LOPEZ BENEDI, J.A. (1996): Hipnosis-Sofrología. Barcelona. Obelisco.
LOPEZ BENEDI, J.A. (2008): Regresiones. Barcelona. Obelisco.
LOPEZ BENEDI, J.A. (2009): El corazón inteligente. Barcelona. Obelisco.
LOPEZ BENEDI, J.A. (2013): La comunicación integral. Barcelona. Obelisco.
LOPEZ BENEDI, J.A. (2017): E.M.O.C.I.O.N.E.S. Barcelona. Obelisco.
LOPEZ BENEDI, J.A. (2018): Todos queremos que nos quieran. Barcelona. Obelisco.
Rosen, J. N. (1978). Psiquiatría psicoanalítica directa. Madrid: Biblioteca Nueva.
Rosen, J. N. (1981). Direct Psychoanalysis. En R. J. Corsini (ed.), Handbook of innovative psychotherapies. New York: John Wiley & Sons, Inc. pp. 241-251.
Rosen, J. N. (1975, 1977). Psicoanálisis directo. 2 tomos. Madrid: Biblioteca Nueva.

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