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Hace algunos meses publiqué un artículo titulado Ahora cualquiera es coach, para alertar a quienes buscan crear una estrategia para llegar a sus objetivos, en cuanto a que deben verificar que la persona a quien se acerquen, no sólo se anuncie como coach, sino que pueda probar que lo es, pero, además de los documentos que lo avalen, ¿qué es lo que nos permitirá distinguir a un coach de alguien que no lo es?

Lo primero que debemos saber es, qué es el coaching, porque, en cuanto escuchamos el término “coach”, tal vez pensemos en el entrenador de futbol americano, quien pone a trabajar duro a sus jugadores y genera estrategias para ganar los partidos; pero eso, no es del todo cierto.

Coaching proviene de la expresión húngara “kocsi szekéri”, que significa “el carruaje de Kocs”, ciudad cercana a Budapest y Viena, y que constituía una parada obligatoria para quienes viajaban en carruajes tirados por caballos, en los siglos XV y XVI. Los carruajes dejaron de ser conocidos como szekéri  y se nombraron simplemente Kocsi, que en alemán se tradujo como “kutsche”, en italiano “cocchio” y, finalmente en español “coche”. Esto significa que el coaching es un vehículo que lleva a la persona de un origen a un destino.

Su metodología tiene una fuerte influencia del método socrático o mayéutica, que consiste en establecer un diálogo para llegar a la verdad. Así que, regresando a la pregunta inicial ¿qué es lo que distingue a un coach?, es en primer lugar, el uso de las preguntas para promover el diálogo que llevará al individuo a conocer la verdad. ¿Cuál verdad? Aquélla que permita al coachee (acompañado) estar consciente de su realidad, de lo que quiere y de cómo desea llegar.

Otro punto importante es que el coach no dará “recetas de cocina”; no es un experto diciendo al coachee lo que debe de hacer; es un acompañante que ayuda al coachee para que diseñe su metodología, y, con ello, genere su estrategia de cambio.

Como tercera pista es que el coach no es un terapeuta. No se dedica al psicoanálisis, ni conducirá una exploración por el pasado del coachee. Se ubicará en el presente para impulsar a la acción en el futuro.

Otro elemento por considerar es que el coach promueve el aprendizaje a través del cambio de paradigmas; apoya al coachee a encontrar sus creencias limitantes y a superarlas, cambiando su perspectiva.

 También es necesario que el coach presente un acuerdo inicial en el que explique en qué consiste su intervención, cuáles son los deberes y obligaciones, tanto de él, como del coachee y que enfatice en la confidencialidad de toda la información que se maneje en las sesiones.

Deberá ser específico con el plan de intervención en cuanto tiempos, duración y costos.

Así que no hay que dejarse sorprender por oradores, aficionados a la terapia, tutores y otras figuras más que ofrecen sus servicios como coaches, pero, que en realidad, no lo son.

¿Qué tipos de coaching hay? Esto lo revisaremos en la próxima publicación.

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