CÓMO PONER FIN A LA INJUSTICIA SOCIAL: MÍRATE AL ESPEJO

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Entre las muchas lecciones desafiantes del 2020, hemos aprendido que el COVID-19 no es la única enfermedad contagiosa que se propaga por todo el mundo. Hay otra cepa de virus igualmente peligrosa que ha entrado en las venas de nuestro planeta. Se llama injusticia social. Por supuesto, llámalo como quieras — discriminación, desigualdad, intolerancia, racismo, chovinismo, xenofobia, homofobia. Cualquiera que sea el nombre, son los juicios que tenemos hacia otras personas; y no hay una máscara o vacuna en el mundo que pueda evitar que este juicio infecte nuestras vidas. Es un asesino silencioso de nuestro espíritu.

Afortunadamente, el 2020 también fue un gran año para abrir nuestros ojos a lo que está sucediendo justo debajo de nuestras narices. Estamos empezando a despertar y prestar atención — ya no pretender que todos los hombres y mujeres son iguales simplemente porque lo decimos. Tal vez, finalmente hemos llegado al punto de ebullición. Después de todo, ¿no es por eso que tanta gente está tomando las calles, marchando por una reforma, y exigiendo que esta vez sea diferente?

Pero, ¿será diferente? ¿Realmente diferente? ¿Quién sabe? La Organización de las Naciones Unidas está haciendo su parte, declarando otra vez el 20 de febrero como el Día Internacional de la Justicia Social. Hay que hacer algo. Necesitamos un cambio y lo necesitamos ahora.

La pregunta es: ¿es demasiado tarde? Y, para el caso, ¿cómo haremos, de todos modos un cambio significativo y duradero? ¿Debemos ir a la calle? ¿Dejarlo en manos de nuestros políticos? Creo que no. Tal vez somos nosotros los que tenemos que cambiar.

Creo que el estar consciente es un buen primer paso. Debemos empezar por ver el mundo con ojos diferentes — para ver la desigualdad racial, social y política en una nueva luz, una nueva consciencia. Es la única manera en que comenzaremos a vernos como iguales y unidos como una comunidad global.

Pero aquí está la cosa: no importa cuánta consciencia traigamos a la injusticia social, no importa cuán enojados o indignados estemos, no podemos ordenar la unidad por declaración, fuerza, o incluso números. De hecho, creo que la igualdad ni siquiera comienza con cómo vemos al mundo, la igualdad comienza mucho más cerca de casa. Comienza con cómo nos vemos a nosotros mismos en el espejo.

Sé que es fácil creer que el camino hacia la igualdad debe comenzar en la forma en que miramos a los demás, con bondad y amor en nuestro corazón, así como el reconocimiento de que todos somos iguales en el interior. Y si bien esto es cierto, también es cierto que nunca llegaremos a este punto a menos que comencemos con nuestra persona mirándonos al espejo cada mañana.

¿Cómo detenemos la injusticia, la discriminación y la intolerancia mundial?

Dejamos de juzgarnos a nosotros mismos.

Dejamos de compararnos con los demás o de decirnos a nosotros mismos cómo no estamos a la altura — no somos lo suficientemente inteligentes, lo suficientemente ricos, lo suficientemente delgados, lo suficientemente exitosos, lo suficientemente espirituales. Dejamos de ver nuestros defectos y fragilidades humanas o de vernos a nosotros mismos con debilidades o incompletos.

El problema con el auto-juicio es que conduce al miedo, la ansiedad y la depresión. Aún peor, nos separa de los demás y de nuestra Divinidad, que es cómo la injusticia social y la intolerancia comienzan en primer lugar — ver lo que nos divide en lugar de lo que nos une.

La verdad es simple: nunca dejaremos de juzgar al mundo que nos rodea a menos que dejemos de juzgarnos a nosotros mismos. Es hora de captar todos nuestros pensamientos y palabras negativas y dejarlos ir con un agradecimiento al Universo. Tenemos que recordarnos que no hace falta ser perfectos; tenemos que ser auténticos y perfectamente nosotros.

Ya estamos completos — enteros — cada uno cortado de la misma tela de la Divinidad. Y una vez que reconozcamos esto, sólo entonces veremos que debajo de las estrellas infinitas del Universo, todos somos iguales.

Así que, la próxima vez que te mires en el espejo, hazte un favor y sonríe con amabilidad y aprecio por lo especial y hermoso(a) que eres. En ese momento, puedo prometerte esto: amar al mundo será más fácil.

Y la mejor parte de todo, tu amor es contagioso.

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